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Beato Bartolomé Gutiérrez

2 de septiembre

Beato Bartolomé Gutiérrez

En el arte: el hábito agustino, la palma del martirio y el crucifijo entre las manos

En el arteEl hábito agustino, la palma del martirio y el crucifijo entre las manos

La época

Corrían las primeras décadas del siglo XVII en Japón, bajo el gobierno del shogunato Tokugawa. El cristianismo, introducido décadas antes por San Francisco Javier, había llegado a contar con cientos de miles de fieles — pero las autoridades japonesas empezaron a verlo como una amenaza a su autoridad y ordenaron el cierre total del país al exterior. Se desató entonces una persecución sistemática contra los misioneros y los cristianos japoneses, con métodos de tortura diseñados específicamente para forzar la apostasía, como la inmersión en las aguas sulfurosas hirvientes del monte Unzen. En ese contexto de clandestinidad extrema vivió sus últimos años un fraile agustino nacido muy lejos de allí, en la Ciudad de México.

La historia

Bartolomé nació en la Ciudad de México en 1580, hijo de Alfonso Gutiérrez y Ana Rodríguez, y fue bautizado en la Parroquia del Sagrario Metropolitano. Con apenas dieciséis años ingresó en la Orden de San Agustín, y tras completar sus estudios en Yuriria (Guanajuato) fue ordenado sacerdote y destinado a Puebla. Pero su verdadero deseo era otro: pidió a sus superiores ser enviado como misionero a las tierras más lejanas que la orden pudiera ofrecerle.

En 1605 viajó a Manila, donde ejerció durante seis años como maestro de novicios, y en 1612 se embarcó finalmente hacia Japón. Allí ejerció su ministerio hasta que, en 1613, el emperador expulsó a todos los misioneros extranjeros del país. Bartolomé regresó a Manila, pero la comunidad cristiana japonesa que había dejado atrás no lo olvidó: a petición expresa de sus fieles, y a pesar del riesgo evidente, volvió a Japón disfrazado cinco años después, y allí permaneció en la clandestinidad durante quince años más, sosteniendo en secreto a los cristianos locales, predicando y administrando los sacramentos escondido en el bosque y en los campos, soportando hambre, pobreza y climas extremos.

Un fraile corpulento desembarca de noche y en secreto desde una pequeña barca en una costa rocosa japonesa, recibido con reverencia silenciosa por un grupo de cristianos locales encapuchados, representado al estilo de una pintura barroca española

El regreso clandestino a Japón: quince años más de misión secreta, sostenidos por la fidelidad de la comunidad que lo esperaba.

Curiosidades

Antes de partir hacia las misiones, sus propios hermanos agustinos —conocedores de su evidente corpulencia— le advertían en tono de broma que jamás resistiría las penalidades de una vida misionera tan dura. Bartolomé, lejos de ofenderse, respondía siempre con la misma gracia: "Tanto mejor —así habrá más reliquias que repartir cuando muera mártir; porque algún día iré a Filipinas y de allí a Japón, a morir por la fe de Cristo." No era una simple ocurrencia: predijo, con precisión asombrosa y décadas de antelación, la ruta exacta que terminaría recorriendo hasta su propia muerte.

El martirio

Víctima de una traición, Bartolomé fue arrestado el 10 de noviembre de 1629 junto a un catequista local y varios auxiliares. Fue trasladado primero a la cárcel de Nagasaki y después a la de Omura, considerada un lugar de cautiverio todavía más duro. Quienes lo vieron en aquel traslado recuerdan su serenidad y la alegría con que entonaba himnos de acción de gracias, a pesar de saber lo que le esperaba. Desde la prisión llegó a escribir a su provincial: "Estoy al presente por horas y momentos esperando la muerte."

Un fraile agustino es atado de manos por soldados japoneses con armadura en una celda de piedra, con expresión serena a pesar del arresto, representado al estilo de una pintura barroca española sin violencia explícita

El arresto y el cautiverio: serenidad e himnos de gratitud, incluso sabiendo lo que se acercaba.

Permaneció preso durante casi tres años, hasta que finalmente fue condenado a muerte junto a otros compañeros misioneros. Antes de la ejecución fue sometido a la tortura característica de aquella persecución —la inmersión en aguas sulfurosas hirvientes— y, finalmente, quemado vivo en Omura el 3 de septiembre de 1632. Sus cenizas fueron recogidas y arrojadas al mar.

Una palma de martirio y una pequeña cruz de madera reposan sobre tierra quemada junto a una columna de humo, con el mar y una costa distante al fondo al atardecer, sin ninguna figura humana presente, representado al estilo de una pintura barroca española

El martirio, sugerido sin representarse de forma explícita: sus cenizas fueron arrojadas al mar frente a la costa de Omura.

Reliquias y arqueología

A diferencia de la mayoría de los santos de este santoral, no existen reliquias físicas de Bartolomé Gutiérrez que visitar: sus cenizas, arrojadas al mar en Omura en 1632, no dejaron rastro material que recoger ni venerar. Fue beatificado por el papa Pío IX el 7 de julio de 1867, junto a otros 205 mártires de Japón encabezados por el también beato Alfonso Navarrete — un reconocimiento que llegó más de dos siglos después de su muerte.

Lo que sí existe, y puede visitarse hoy en la Ciudad de México donde nació, es un cuadro suyo conservado en la Catedral Metropolitana, situado en la nave oriente, junto al retablo barroco que reúne a fundadores de distintas órdenes religiosas, cerca de la imagen de la Virgen de Zapopan. Es, quizás, la huella más tangible que queda de él en su propia tierra natal.

Cómo reconocerlo en el arte

Bartolomé Gutiérrez suele representarse vistiendo el hábito negro de la Orden de San Agustín, con el característico cinturón de cuero de la orden y la tonsura propia de los religiosos de su época. Sostiene, como todo mártir, la palma que simboliza la victoria del espíritu sobre la muerte, y con frecuencia un pequeño crucifijo entre las manos, recordando su entrega absoluta hasta el final. Su complexión corpulenta, mencionada repetidamente en los relatos sobre su vida, es también un rasgo que las representaciones más fieles a su historia suelen conservar.

Actualidad

A pesar de ser uno de los pocos beatos mexicanos con conexión directa a los grandes martirios del Japón cristiano, Bartolomé Gutiérrez sigue siendo, hoy, una figura poco conocida incluso en su propio país — bastante menos célebre que San Felipe de Jesús, también mexicano y también martirizado en Japón décadas antes que él. Su proceso de canonización, sin embargo, continúa abierto y vigente en la Santa Sede en la actualidad: su historia, lejos de haberse cerrado en el siglo XVII, sigue formalmente en marcha casi cuatrocientos años después.

Patronazgo

Beato mártir mexicano, testimonio de fidelidad misionera y de entrega hasta el final en la clandestinidad.

Oración

Beato Bartolomé Gutiérrez, que convertiste en promesa cumplida lo que otros tomaban a broma, y sostuviste en secreto la fe de un pueblo lejano hasta entregar tu propia vida, ayúdanos a mantener firme nuestro compromiso incluso cuando parezca imposible de cumplir. Amén.

Fuentes consultadas: ACI Prensa, Aleteia, Diócesis de Córdoba, Diócesis de Querétaro, Catholic.net, Mercaba.es.

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