Uno de los Doce
San Bartolomé es uno de los Doce Apóstoles elegidos personalmente por Jesús. La tradición cristiana lo identifica con Natanael, el discípulo que aparece con ese nombre en el Evangelio de Juan, de Caná de Galilea. Los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos, Lucas) siempre lo mencionan junto a Felipe con el nombre de Bartolomé —del arameo bar-Tôlmay, "hijo de Tolmay"—, mientras que Juan usa el nombre hebreo Natanael. La tradición unánime los considera la misma persona.
El encuentro que lo convenció al instante
Felipe le llevó ante Jesús diciéndole que habían encontrado al Mesías. Natanael, escéptico, respondió: "¿De Nazaret puede salir algo bueno?". Pero al conocer a Jesús, este le dijo que lo había visto "bajo la higuera" antes de que se encontraran — un detalle que Natanael no podía explicar de forma natural. La certeza de que Jesús conocía su corazón sin haberlo tratado antes lo convenció al instante, y se convirtió en uno de sus primeros seguidores.
El encuentro bajo la higuera que lo convenció al instante de que Jesús era el Mesías.
El Evangelio que sobrevivió cien años en la India
Según el historiador Eusebio de Cesarea, en su predicación por la India, Bartolomé dejó allí una copia del Evangelio de Mateo, escrita en caracteres hebreos. Casi un siglo después, cuando el misionero Panteno de Alejandría visitó la región, los cristianos locales todavía conservaban esa misma copia, y se la mostraron como prueba de que un apóstol había pasado por allí mucho antes que cualquier otro misionero conocido — un testimonio con nombre propio (Eusebio, historiador cristiano del siglo IV) sobre un objeto físico que sobrevivió generaciones enteras.
Doce ciudades convertidas en Armenia
Tras Pentecostés, Bartolomé emprendió la misión de predicar el Evangelio por Mesopotamia, Persia, Arabia y la India, donde —según la tradición recogida por Eusebio de Cesarea— dejó una copia del Evangelio de Mateo traducida a la lengua local. Su misión más recordada fue en Armenia, donde el rey Polimio se resistía a su prédica hasta que Bartolomé curó a su hija, poseída por un espíritu maligno. Llevó entonces al rey ante un ídolo pagano local, Astarot, y lo obligó a "confesar" ante todos que era en realidad un demonio, no un dios. El rey, su esposa, su hija y los habitantes de doce ciudades enteras del reino se convirtieron al cristianismo.
Predicando en Armenia, donde logró la conversión de un rey y doce ciudades enteras.
El martirio
La conversión masiva enfureció a los sacerdotes paganos, que se estaban quedando sin fieles, y a Astiages, hermano del rey Polimio. Ordenó arrestar a Bartolomé y le exigió que adorara a los ídolos como había hecho su hermano. Ante su negativa, mandó azotarlo y desollarlo vivo. Las fuentes antiguas no coinciden en el final exacto: unas dicen que murió decapitado tras el suplicio, otras que fue crucificado cabeza abajo. Lo que sí coincide toda la tradición es en el instrumento de su martirio, que desde entonces es su atributo permanente en el arte: un cuchillo.
Entregado en oración en el instante final, sin que el sufrimiento físico sea el protagonista de la escena.
El autorretrato escondido de Miguel Ángel
En el Juicio Final de la Capilla Sixtina (1536-1541), Miguel Ángel representó a San Bartolomé sosteniendo un cuchillo en una mano y, en la otra, su propia piel desollada — tal como marca su iconografía tradicional. Pero los historiadores del arte coinciden en algo extraordinario: el rostro deformado y angustiado de esa piel colgante es un autorretrato del propio Miguel Ángel, su forma personal de "firmar" la obra desde el sufrimiento, en medio de los cinco años que le costó pintar el fresco más grande del siglo XVI.
Reliquias
Sus reliquias viajaron de Armenia a Benevento (Italia) en el año 809, y de allí a Roma en el 998, cuando el emperador Otón III las llevó a una nueva iglesia construida especialmente para acogerlas: la Basílica de San Bartolomé en la Isla Tiberina. Hoy reposan bajo el altar mayor, en una antigua bañera romana de pórfido rojo con cabezas de león talladas.
El lugar tiene una historia notable: la Isla Tiberina ya era, desde la antigua Roma, un templo dedicado a Esculapio, dios pagano de la medicina — los enfermos acudían allí en busca de curación mucho antes del cristianismo. La tradición se mantuvo casi sin interrupción: hoy, la isla sigue albergando un hospital en funcionamiento, el Fatebenefratelli. Es decir, ese mismo pedazo de tierra lleva más de dos mil años dedicado a la curación, primero pagana y luego cristiana.
En España, varias localidades lo tienen como patrón. En San Bartolomé de la Torre (Huelva), el 24 de agosto la imagen del santo recorre las calles acompañada de la tradicional "danza de las espadas". En Lanzarote (Canarias), el municipio de San Bartolomé lleva su nombre y celebra unas fiestas patronales que se alargan casi tres semanas —normalmente del 4 al 24 de agosto—, con romería popular, parrandas, carrera de caballos y fuegos artificiales, de las más largas y elaboradas de todo el archipiélago.
En Soria, en pleno Cañón del Río Lobos, se alza la ermita de San Bartolomé, una construcción románica-protogótica del siglo XIII que se atribuye a los templarios, vinculada al desaparecido convento de San Juan de Otero. La leyenda cuenta que el propio santo, montado a caballo, saltó desde lo alto del cañón lanzando su espada al grito de "Allá donde caiga mi espada, se hará mi morada" — y donde cayó se levantó la ermita que lleva su nombre. Cerca, en las rocas del cañón, todavía pueden verse las antiguas colmenas templarias del paraje conocido como "el Colmenar de los Frailes". Cada 24 de agosto, coincidiendo con la festividad, la ermita se llena de peregrinos y excursionistas en la tradicional romería de San Bartolomé, en uno de los enclaves naturales más espectaculares de Castilla y León, entre buitres leonados y paredes de roca caliza tallada por el agua.
"El diablo anda suelto"
En buena parte de Latinoamérica, especialmente en México, existe una creencia popular muy extendida: la noche del 23 al 24 de agosto, a las once en punto, se sueltan las cadenas que retienen al diablo, y este queda libre para causar accidentes y desgracias durante todo el "Día de San Bartolo". Muchas familias evitan actividades arriesgadas ese día, e incluso prefieren no salir de casa. La propia Iglesia católica aclara que esto no es doctrina — el demonio, según su enseñanza, puede actuar cualquier día del año, no solo el 24 de agosto —, pero la tradición popular ha perdurado generaciones al margen de esa aclaración.
En el norte de Perú circula una versión mucho más concreta y narrativa: se cuenta que San Bartolomé era dueño del fértil valle de Chicama, y que el diablo, envidioso de sus tierras, lo retó a una carrera hasta la cima del cerro Gasñape, apostando el valle entero. Bartolomé, viéndose perder, pidió fuerza a Dios y remontó la carrera en el último tramo — el diablo, derrotado, se hundió en un río cercano. Desde entonces, la tradición dice que vuelve cada 24 de agosto a intentar cobrarse su venganza.
Curiosidad
Miguel Ángel se retrató a sí mismo dentro del Juicio Final de la Capilla Sixtina no como un santo glorioso, sino como la piel arrancada de un mártir — colgando, deforme, sin vida propia. Nunca explicó por qué eligió representarse así.
Patronazgo
Por el desollamiento, patrono de curtidores, guanteros, zapateros, sastres y encuadernadores — todos los oficios que trabajan la piel y el cuero.
Oración
San Bartolomé, que reconociste a Cristo con un corazón sincero y sin engaño, y llevaste su palabra hasta tierras lejanas al precio de tu propia vida, ayúdanos a vivir con la misma honestidad y entrega. Amén.
DIES SANCTI