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San Calixto I, papa, con vestiduras pontificales sencillas del siglo III y un pergamino en la mano, en estilo de mosaico bizantino con teselas visibles

14 de octubre

San Calixto I

En el arte: papa de los primeros siglos con vestiduras sencillas, sosteniendo un pergamino

En el artePapa de los primeros siglos con vestiduras sencillas, sosteniendo un pergamino

La época

Roma, finales del siglo II y principios del siglo III. El cristianismo sigue siendo una religión minoritaria y a veces perseguida dentro del Imperio, pero ya cuenta con una organización interna cada vez más sólida, con un obispo de Roma —el papa— al frente. Es también una sociedad profundamente esclavista: la esclavitud es una institución legal y habitual, y ser esclavo determina casi por completo los derechos que una persona puede tener, incluido el derecho a casarse o a ser dueño de sus propios bienes.

La historia

Calixto nace en Roma hacia el año 155, en una familia de origen griego, y crece siendo esclavo de un hombre llamado Carpóforo, un funcionario cristiano al servicio del emperador. Carpóforo le confía la administración de una especie de banco para la comunidad cristiana de Roma, pero el negocio sale mal —las fuentes no se ponen de acuerdo en si por mala gestión o por auténtico fraude— y Calixto es condenado a trabajos forzados en las minas de azufre de Cerdeña, uno de los castigos más duros que existían entonces, del que muy pocos condenados regresaban con vida.

El joven Calixto, encadenado, trabaja forzado en las minas de azufre de Cerdeña junto a otros condenados, en estilo de mosaico bizantino

Calixto, condenado a trabajos forzados en las minas de Cerdeña.

Consigue salir con vida gracias a la intervención de Marcia, una mujer cercana al emperador Cómodo y favorable a los cristianos, que negocia la liberación de varios presos condenados por su fe. De vuelta en Roma, en vez de desaparecer en el anonimato, Calixto se gana la confianza del papa Ceferino, que lo nombra diácono —un cargo de responsabilidad dentro de la organización de la Iglesia— y le encarga una tarea que marcará su nombre para siempre: administrar el primer cementerio cristiano oficial de Roma, en la Vía Apia. Ese cementerio, hoy conocido como las Catacumbas de San Calixto, se convertirá con el tiempo en el lugar de enterramiento de casi todos los papas del siglo III.

Calixto, ya diácono, supervisa con una lámpara de aceite a los trabajadores que excavan los pasadizos de las catacumbas cristianas de Roma, en estilo de fresco de catacumba paleocristiana

Calixto organiza las catacumbas cristianas de la Vía Apia.

A la muerte de Ceferino, en el año 217, Calixto es elegido papa. Su elección no sienta bien a todos: un influyente teólogo romano llamado Hipólito, que aspiraba él mismo a ese cargo, se proclama obispo rival de Roma en abierta oposición a Calixto —convirtiéndose así en el primer antipapa de la historia de la Iglesia—. Calixto gobierna cinco años, hasta que muere, hacia el 222, en circunstancias que las propias fuentes antiguas no terminan de aclarar del todo: unas hablan de una persecución oficial ordenada por el Estado romano, otras de un linchamiento espontáneo durante un motín popular contra los cristianos del barrio del Trastévere. Lo que sí coincide en todas las versiones es el final: Calixto es golpeado, arrojado por una ventana, y su cuerpo termina en el fondo de un pozo.

San Calixto I es empujado hacia una ventana baja por un grupo de hombres hostiles, con un pozo visible en el patio inferior, en estilo de mosaico bizantino

El martirio de Calixto en el Trastévere.

Filosofía y forma de vida

El conflicto entre Calixto e Hipólito no fue solo una lucha de poder: detrás había una diferencia real y profunda sobre cómo debía comportarse la Iglesia con los pecadores. Un grupo de cristianos rigoristas, muy influido por un movimiento llamado montanismo, sostenía que ciertos pecados graves —el asesinato, el adulterio, la apostasía (renegar de la fe)— eran directamente imperdonables, y que quien los cometía quedaba fuera de la Iglesia para siempre, sin posibilidad de volver. Calixto se enfrentó abiertamente a esa postura: decretó que cualquier pecador, por grave que fuera su culpa, podía ser readmitido en la comunidad cristiana si hacía penitencia pública y mostraba arrepentimiento sincero.

La reacción de los rigoristas fue furiosa. Tertuliano, un teólogo cristiano del norte de África, escribió con sarcasmo mordaz sobre el edicto de Calixto: "El Sumo Pontífice, esto es, el obispo de los obispos, ha hablado. Yo, dice, perdono los pecados de adulterio a todos los que hagan penitencia. ¿Dónde colocaremos el documento en que consta tamaña liberalidad? ¿En las puertas de los lugares de prostitución?". También ridiculizó el rito público de penitencia que proponía Calixto: el pecador arrepentido, vestido de cilicio (una tela áspera) y cubierto de ceniza, pidiendo perdón ante toda la comunidad reunida. Con el paso de los siglos, sin embargo, fue la postura de Calixto la que se impuso como doctrina oficial de la Iglesia: el Catecismo católico actual sigue afirmando, casi con las mismas palabras que él defendió hace 1.800 años, que no existe pecado, por grave que sea, que no pueda ser perdonado.

Calixto tomó además otra decisión que chocaba de lleno con la ley romana: declaró legítimos, a los ojos de la Iglesia, los matrimonios entre mujeres libres de familia noble y hombres esclavos o libertos —algo que el derecho civil de Roma prohibía terminantemente, precisamente para impedir que esas mujeres perdieran su rango social al casarse "por debajo" de su condición—. Calixto sostuvo que el matrimonio ante Dios y el matrimonio ante la ley del Estado eran dos cosas distintas, y que la Iglesia tenía autoridad propia para reconocer uniones que la sociedad romana no aceptaba. No deja de ser significativo que fuera precisamente un antiguo esclavo quien tomara esa decisión: sabía, por experiencia propia, exactamente lo que ese estatus legal significaba en la vida real de una persona.

Curiosidades

El hombre al que se enfrentó, Hipólito, tuvo un final inesperado: años después de la muerte de Calixto, ambos —Hipólito y el papa legítimo de entonces— fueron desterrados juntos por las autoridades romanas a las minas de Cerdeña, el mismo destino que un día había estado a punto de matar al propio Calixto. Según la tradición, en el destierro Hipólito reconoció su error, se reconcilió con la Iglesia oficial, y terminó muriendo también como mártir — el primer antipapa de la historia acabó siendo venerado, con el tiempo, como santo.

Reliquias y arqueología

Las Catacumbas de San Calixto, en la Vía Apia de Roma, son hoy uno de los conjuntos funerarios paleocristianos más importantes que existen: kilómetros de galerías subterráneas con la llamada "Cripta de los Papas", donde se enterró a la mayoría de los pontífices del siglo III, y la tumba original de Santa Cecilia. Es un lugar real y visitable hoy en día, con visitas guiadas regulares para el público.

Cómo reconocerlo en el arte

Se le representa como un papa de los primeros siglos, con vestiduras pontificales sencillas —sin la tiara papal, que es un elemento posterior y anacrónico para su época—, a menudo sosteniendo un pergamino enrollado en alusión a sus decretos sobre el perdón de los pecados.

Patronazgo

Patrono de los sepultureros y de los trabajadores de cementerios, en relación directa con su labor al frente de las catacumbas romanas.

Oración

San Calixto, tú que conociste en carne propia lo que es no tener derechos, y desde esa experiencia defendiste que nadie queda nunca fuera del perdón de Dios, ayúdanos a no cerrar la puerta a quien se equivoca, ni siquiera cuando el error parece demasiado grande para ser perdonado. Amén.

Fuentes consultadas: ACI Prensa, Enciclopedia Católica (Catholic.com), Wikipedia (contrastada con fuentes primarias), prensa generalista de calidad.

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