Dies SanctiDIES SANCTI
← Volver al inicio
San Cleto y San Donaciano

6 de septiembre

San Cleto y San Donaciano

En el arte: la mitra episcopal y el incensario, símbolo de una fe que ni la persecución logró apagar

En el arteLa mitra episcopal y el incensario, símbolo de una fe que ni la persecución logró apagar

La época

Corría el año 484 en el norte de África, bajo el reino vándalo de Hunerico. Aquí conviene detenerse en un matiz poco conocido: esta no fue una persecución de paganos contra cristianos, como las del Imperio romano en sus primeros siglos, sino de cristianos contra cristianos. Los vándalos habían adoptado el arrianismo, una doctrina que negaba la plena divinidad de Cristo, y Hunerico, arriano convencido, veía en los cristianos católicos —fieles al credo de Nicea— una amenaza religiosa y política a la vez. En marzo de aquel año decretó la conversión obligatoria al arrianismo tras el fracaso de un concilio entre obispos de ambos bandos, tras años de deportaciones masivas de clero católico.

La historia

Hunerico ordenó clausurar todas las iglesias católicas de África y confiscar sus bienes, entregándolos a la población arriana. Convocó a los obispos católicos al palacio real y, desde allí, los expulsó de la ciudad con la orden de marchar solos hacia el destierro. A las puertas de la capital, un numeroso grupo de cristianos se congregó para protestar por la injusticia. La respuesta de Hunerico fue tajante: ordenó a su caballería que los aplastara.

Un rey vándalo a caballo ordena a sus soldados dispersar a una multitud de cristianos congregados en protesta ante las puertas de una ciudad, mientras un grupo de ancianos obispos es conducido lejos al fondo, representado al estilo de un mosaico romano-africano

La expulsión de los obispos católicos y la dispersión violenta de quienes protestaban ante las puertas de la ciudad.

Donaciano, obispo de la provincia de Bisaseno, se encontraba entre los que se opusieron abiertamente a las medidas de Hunerico. Junto a otros cuatro obispos, fue brutalmente golpeado y, en estado lamentable, conducido al desierto —abandonado allí para morir de hambre y de sed, sin ninguna posibilidad de auxilio.

Cinco ancianos obispos con vestiduras episcopales desgarradas son abandonados en un duro paisaje desértico, uno de ellos desplomándose de agotamiento mientras los demás lo sostienen, con soldados a caballo alejándose al fondo bajo un sol implacable, representado al estilo de un mosaico romano-africano

Donaciano y otros cuatro obispos, abandonados en el desierto para morir de hambre y sed.

Cleto, obispo de Leptis Minor —hoy Lamta, en la costa tunecina—, corrió una suerte distinta pero igual de terrible. El Martirologio Romano lo describe como "un hombre celoso y muy sabio", y su firme oposición al arrianismo le había ganado la enemistad personal de Hunerico. Fue encerrado en un calabozo estrecho, oscuro y pestilente, donde permaneció dos meses antes de ser sacado y quemado vivo.

Un anciano obispo reza arrodillado dentro de un calabozo estrecho de piedra, con un único haz de luz dorada entrando por una pequeña abertura en lo alto, representado al estilo de un mosaico romano-africano

Los dos meses de calabozo de Cleto, antes de su martirio final.

Curiosidades

El propio Hunerico no sobrevivió mucho tiempo a estos hechos: murió en diciembre de aquel mismo año 484. Existe un relato muy concreto sobre su muerte, y conviene explicar bien de dónde viene para valorarlo con el rigor debido. Quien lo cuenta es Víctor de Vita, sacerdote —después obispo— del clero cartaginés y testigo directo de la persecución vándala, autor de una de las pocas crónicas contemporáneas que se conservan de aquel periodo. Según su relato, Hunerico murió del llamado "mal de Antíoco" —nombrado así en referencia al rey seléucida Antíoco IV, cuya muerte relatan también fuentes bíblicas y clásicas en términos similares—, devorado en vida por los gusanos y atormentado por demonios.

Es un testimonio de peso, al tratarse de un cronista que vivió los hechos en primera persona, no de una leyenda tardía. Pero conviene matizarlo: los propios estudiosos de su obra reconocen que Víctor de Vita escribe con una intención marcadamente teológica y polémica contra los vándalos, a quienes identifica sistemáticamente con la herejía y la barbarie. Así que el relato de su muerte funciona, sobre todo, como una lectura providencial de la justicia divina sobre el perseguidor — no como un diagnóstico médico neutral que hoy podamos dar por probado.

Reliquias y arqueología

Leptis Minor, la sede episcopal de Cleto, es hoy un yacimiento arqueológico real: se encuentra bajo la localidad de Lamta, en la costa oriental de Túnez, no lejos de la ciudad de Susa. En época romana fue un puerto próspero dedicado principalmente a la exportación de aceite de oliva, y Julio César la utilizó como base antes de la batalla de Thapso, en el año 46 a.C. No se conservan reliquias identificadas de Cleto ni de Donaciano en la actualidad; su memoria ha llegado hasta hoy únicamente a través del testimonio escrito, principalmente el del propio Víctor de Vita y el Martirologio Romano.

Cómo reconocerlos en el arte

Al tratarse de mártires del norte de África, poco representados fuera de su región de origen, no existe una iconografía ampliamente extendida. Cuando aparecen, suelen hacerlo con las vestiduras episcopales propias de su rango —mitra, casulla, báculo pastoral—, y con el incensario, símbolo de su oficio litúrgico y de una fe que la persecución no logró silenciar. Comparten, como el resto de los mártires de este santoral, la palma como atributo universal de la victoria del espíritu sobre la muerte.

Folclore y actualidad

No existe hoy una devoción popular viva ni fiestas patronales asociadas específicamente a Cleto y Donaciano, a diferencia de otros santos de este santoral con culto activo en España o Latinoamérica — su memoria se conserva sobre todo en el ámbito litúrgico y erudito. Lo que sí sigue accesible hoy es el propio testimonio escrito de Víctor de Vita, uno de los documentos históricos más valiosos que existen sobre el norte de África en el siglo V, estudiado todavía en universidades como fuente primaria para entender aquel periodo de la historia tardorromana.

Una sala real vacía con un trono derribado y una corona caída en el suelo entre columnas, con nubes de tormenta visibles a través de una ventana alta, representado de forma simbólica sin figuras humanas, al estilo de un mosaico romano-africano

El final del perseguidor, representado de forma simbólica: un trono vacío y una corona caída.

Patronazgo

Mártires y obispos de la Iglesia norteafricana, testimonio de fidelidad frente a la persecución religiosa entre distintas confesiones cristianas.

Oración

San Cleto y San Donaciano, que os mantuvisteis firmes en la fe incluso frente a la persecución de vuestros propios hermanos cristianos, ayudadnos a defender la verdad con la misma entereza, incluso cuando la injusticia venga disfrazada de autoridad. Amén.

Fuentes consultadas: ACI Prensa, El Testigo Fiel, Enciclopedia Católica (Víctor Vitensis), Britannica (Leptis Minor), Voy a Ibiza (historia vándala), Martirologio Romano.

← Volver a hoy