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San Cornelio, centurión romano con armadura segmentada y capa militar roja, la mano sobre el pecho en gesto devoto, en estilo de mosaico bizantino con teselas doradas

20 de octubre

San Cornelio el Centurión

En el arte: centurión romano con armadura y capa roja, la mano sobre el pecho

En el arteCenturión romano con armadura y capa roja, la mano sobre el pecho

La época

Judea bajo dominio romano, hacia el año 40 d.C. El cristianismo existe todavía solo dentro del judaísmo: nadie se plantea siquiera que una persona no judía pueda hacerse cristiana sin pasar antes por la circuncisión y la observancia completa de la Ley mosaica.

Un centurión romano no era un simple soldado, sino un oficial de carrera — la auténtica columna vertebral del ejército romano. Se llegaba al puesto tras años de servicio en las filas, ascendiendo por mérito y valor en combate, y el centurión comandaba su centuria (en torno a 80-100 hombres) siempre desde primera línea, no desde la retaguardia. Llevaba como distintivo un bastón de vid —la vitis— con el que imponía la disciplina, a golpes si hacía falta, entre sus propios soldados. Gozaba de buena paga y prestigio social, al servicio de un imperio pagano que además rendía culto divino al propio emperador: un hombre curtido en la violencia y la jerarquía militar más dura de su tiempo.

La historia

Por eso resulta tan llamativo el retrato que hacen de Cornelio los Hechos de los Apóstoles: al mando de un centenar de soldados de la Cohorte Itálica, destinado en Cesarea Marítima, es descrito como "piadoso y temeroso de Dios con toda su casa" — generoso con los pobres del pueblo judío y dedicado a la oración constante, pese a no haberse convertido formalmente. No es el perfil que cabría esperar de un oficial romano curtido en campaña.

Un día, hacia las tres de la tarde, un ángel se le aparece en una visión: "Tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios" — y le ordena mandar llamar a un tal Simón Pedro, que se hospeda en la casa de un curtidor en la ciudad de Jope.

El centurión Cornelio arrodillado en oración mientras un ángel radiante se le aparece en un rayo de luz dorada, en estilo de mosaico bizantino

El ángel se aparece a Cornelio en Cesarea.

Mientras los mensajeros de Cornelio viajan hacia Jope, Pedro —a quien nunca se le habría ocurrido entrar en casa de un gentil, algo que su propia fe consideraba impuro— tiene su propia visión: un gran lienzo que desciende del cielo sostenido por sus cuatro puntas, lleno de toda clase de animales que la Ley judía consideraba impuros, y una voz que le repite tres veces: "Lo que Dios ha purificado, no lo llames tú impuro".

El apóstol Pedro recostado en una terraza junto al mar, en trance, mientras un gran lienzo lleno de animales desciende del cielo, en estilo de mosaico bizantino

La visión del gran lienzo que tuvo Pedro en Jope.

Cuando los hombres de Cornelio llegan, Pedro entiende el sentido de lo que ha visto y los acompaña de vuelta a Cesarea. Al llegar a la casa, Cornelio se postra a sus pies para rendirle homenaje; Pedro lo levanta de inmediato: "Levántate, pues yo mismo también soy hombre". Y entonces pronuncia la frase que cambiaría el rumbo del cristianismo: "Ahora entiendo que Dios no hace distinción de personas, sino que en toda nación acepta al que le teme y practica la justicia". Mientras predica, el Espíritu Santo desciende sobre todos los presentes —gentiles, no judíos—, que empiezan a hablar en lenguas; Pedro, sin dudarlo, ordena que sean bautizados allí mismo. Es el primer bautismo de una persona no judía en la historia del cristianismo.

El apóstol Pedro levanta al centurión Cornelio, que se había postrado ante él, mientras al fondo se bautiza a un miembro de su familia, en estilo de mosaico bizantino

Pedro levanta a Cornelio, y la familia es bautizada.

Filosofía y significado

Este episodio es, teológicamente, el momento bisagra en que el cristianismo deja de ser un movimiento dentro del judaísmo y se abre a toda la humanidad. No fue un paso fácil ni evidente ni siquiera para Pedro: tuvo que defenderse después ante los demás apóstoles reunidos en Jerusalén por haber comido y bautizado en casa de un gentil, algo que escandalizó a una parte de la primera comunidad cristiana. El relato de Cornelio se cita todavía hoy como ejemplo bíblico de que la fe y la justicia no dependen del origen ni la condición de cada persona.

Curiosidades

La Biblia no dice qué fue de Cornelio después de su bautismo, pero la tradición posterior —sin que haya unanimidad— sostiene que llegó a ser obispo: de Cesarea, según unas fuentes, o de Escepsis, cerca de la actual Bayramiç, en Turquía, según otras.

Cómo reconocerlo en el arte

Se le representa como un oficial romano de rango medio, con armadura segmentada y capa militar roja, a menudo con la mano sobre el pecho en gesto de devoción — poco frecuente en la iconografía de soldados romanos, normalmente asociados a la persecución más que a la piedad.

Patronazgo

Patrono de soldados y centuriones, por su propia condición militar.

Oración

San Cornelio, tú que buscaste a Dios en medio de un oficio hecho de disciplina y dureza, y que fuiste el primero en cruzar una puerta que nadie antes se había atrevido a abrir, ayúdanos a no dar por cerradas las puertas que Dios ya ha abierto, por mucho que la costumbre o el miedo nos digan lo contrario. Amén.

Fuentes consultadas: ACI Prensa, Enciclopedia Católica (Catholic.com), COPE religión, texto bíblico (RVR1960, LBLA, NVI), prensa generalista de calidad.

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