La época
Esta fiesta mariana tiene dos nacimientos distintos, separados por más de siglo y medio. El primero ocurre en la España del siglo XVI, en Cuenca, donde nace como devoción local en honor al nombre de la Virgen. El segundo, el que la convierte en fiesta universal, sucede en 1683, en pleno Barroco europeo, en uno de los momentos de mayor tensión de la historia del continente: el avance del Imperio otomano había llegado hasta las puertas de Viena, y con ella se jugaba el destino de media Europa cristiana.
La historia
La devoción al Dulce Nombre de María nace en España en 1513, cuando se celebra por primera vez en Cuenca. Con el impulso de la orden de los Trinitarios, la fiesta se extiende poco a poco por las diócesis españolas, hasta que en 1671 el Papa autoriza ya su celebración en todo el país. Pero será un acontecimiento muy posterior el que la convierta en fiesta de toda la Iglesia universal.
En el verano de 1683, un enorme ejército otomano al mando de Kara Mustafá sitiaba Viena. La ciudad, sin apenas pólvora ni víveres, resistía a duras penas. La noche del 11 de septiembre, su gobernador envió un último mensaje desesperado pidiendo socorro inmediato. La respuesta llegó desde Polonia: el rey Juan III Sobieski, al mando de la caballería más temida de Europa —los húsares alados, jinetes que llevaban plumas de águila sujetas a la espalda de su armadura—, se puso en marcha. Antes de partir hacia la batalla, hizo un alto en el santuario de Częstochowa, donde se venera el icono de la Virgen Negra, y allí, junto a todo su ejército, se consagró a María.
El amanecer del 12 de septiembre de 1683, antes del ataque decisivo sobre Viena.
La noche antes de la batalla, un fraile capuchino llamado Marco de Aviano —hoy venerado como beato— cabalgó hasta el campamento cristiano en el monte Kahlenberg como legado personal del Papa. Bendijo a las tropas con un crucifijo y anunció que el ataque comenzaría al amanecer del día siguiente: precisamente la fiesta del Dulce Nombre de María. Así fue. Al alborear el 12 de septiembre, Marco de Aviano celebró Misa, ayudado por el propio rey Sobieski, y bendijo a los 65.000 soldados cristianos reunidos frente al ejército otomano.
La batalla se prolongó durante todo el día entre un terreno escarpado y difícil. A las seis de la tarde, Sobieski lanzó la mayor carga de caballería registrada en la historia: dieciocho mil jinetes, con sus húsares alados a la cabeza, descendiendo cuesta abajo desde las colinas. Un detalle curioso: entre las filas polacas cabalgaban también tártaros musulmanes de Lipka, aliados de Sobieski desde hacía generaciones, que llevaban una ramita de paja en el yelmo para no ser confundidos con los tártaros del bando otomano —un recordatorio de que aquel conflicto no dibujaba una frontera religiosa tan simple como pudiera parecer. La carga rompió el flanco turco, y el ejército otomano, superado, se dio a la fuga en desorden. Sobieski envió entonces al Papa un mensaje que parafraseaba a Julio César: "Venimos, vimos, Dios venció". En agradecimiento por la victoria, el papa Inocencio XI extendió la fiesta del Dulce Nombre de María a toda la Iglesia.
Curiosidades
Esta fiesta dejó una huella mucho más cercana y cotidiana de lo que pudiera pensarse. Durante buena parte del siglo XX en España, era obligación religiosa que toda niña llevara el nombre de María al bautizarse —de ahí el aluvión de María del Carmen, María Pilar, María José, María Dolores, María Teresa o María Ángeles que pueblan las partidas de bautismo de nuestras abuelas y madres. No es exageración: según un análisis del Consejo Superior de Investigaciones Científicas sobre los nombres más comunes del siglo pasado en España, ocho de los diez nombres de niña más frecuentes llevaban "María" incorporado.
El bautizo, en la España de mediados del siglo XX: para inscribirse en la fe, había que llevar el nombre de María.
Muchas de esas mujeres, sin saber muy bien por qué, celebran su santo precisamente hoy, 12 de septiembre, y no el 15 de agosto —fecha de la Asunción, con la que suele confundirse la onomástica de las Marías.
Reliquias y devoción popular
Entre carmelitas francesas nació hace siglos una devoción singular: repetir en oración, este mismo día, mil veces el nombre de María. La costumbre no se ha perdido —viajó incluso hasta la India, donde en el monasterio carmelita de Prem Jyot, fundado por un jesuita español, las monjas continúan hoy esta práctica, que describen como una fuente de "inmenso gozo" y cercanía con la Virgen, a quien llaman Madre, Hermana y Reina.
La devoción carmelita de repetir mil veces el nombre de María, viva todavía hoy.
La fecha también coincide con la fiesta litúrgica de Nuestra Señora de Estíbaliz, patrona de Álava, cuya festividad cae también el 12 de septiembre. Cuenta la leyenda que dos peregrinos del Camino de Santiago, al pasar por el pequeño santuario románico entre los siglos XII y XV, quedaron prendados de la belleza de la talla de la Virgen; uno de ellos exclamó en euskera "Ezti balitz!" —"¡Si fuera miel!"— y de ahí, según la tradición popular, derivó el nombre de Estíbaliz. En el santuario, situado sobre un cerro cerca de Vitoria, se celebra en estas fechas una novena de nueve días, con procesión de antorchas al anochecer, presentación de los recién nacidos a la Virgen y renovación de promesas matrimoniales. El propio 12 de septiembre se reúnen además, en un encuentro singular, las cerca de ocho mil mujeres que en España llevan el nombre de Estíbaliz.
Cómo reconocerla en el arte
La representación más característica del Dulce Nombre de María muestra a la Virgen en gloria, entre nubes y ángeles, con las letras "MARIA" inscritas dentro de su aureola de luz dorada —una fórmula visual heredada de la iconografía del Santo Nombre de Jesús. El estilo barroco español, con Murillo como referencia máxima en la representación de la Inmaculada y de la Virgen en gloria, es el que mejor encaja con esta advocación, consolidada precisamente en el Barroco del siglo XVII.
Folclore y actualidad
En Teror, la villa de Gran Canaria donde se venera a la Virgen del Pino, patrona de la isla, esta fecha da lugar a una fiesta popular con siglos de historia: el "Día de las Marías". Como la gran fiesta patronal ya se celebra el 8 de septiembre, día de la Natividad de la Virgen, los vecinos de Teror trasladaban parte de su fervor a la semana siguiente, al día en que "se le impuso el nombre" a la Virgen. Fue el propio papa San Pío X quien fijó definitivamente esta celebración en el 12 de septiembre, por su vínculo directo con la victoria de Viena de 1683.
En Andalucía, coincidiendo con esta misma memoria mariana, celebran sus fiestas patronales Lebrija, en honor a la Virgen del Castillo, y El Viso del Alcor (Sevilla), en honor a Santa María del Alcor.
Patronazgo
Advocación mariana venerada especialmente por todas las mujeres que llevan el nombre de María, en cualquiera de sus variantes y combinaciones.
Oración
Dulce Nombre de María, que resuena en los labios de tantas generaciones de mujeres que lo llevan como herencia y como bendición, enséñanos a pronunciarlo con el mismo amor con que San Lucas lo escribió por primera vez, y a confiar, como confiaron quienes lo invocaron en tiempos de angustia, en la protección maternal de la Madre de Dios. Amén.
DIES SANCTI