El significado de la Cruz
Cuesta entender, a primera vista, cómo el instrumento de tortura más humillante del mundo romano —reservado a esclavos y a los peores criminales— pudo acabar convertido en el símbolo más reconocible del cristianismo. Pero esa es exactamente la paradoja que esta fiesta invita a mirar de frente: por la muerte y resurrección de Cristo, lo que era motivo de vergüenza y castigo se transformó en signo de salvación.
La propia palabra "exaltación" tiene un doble sentido. Por un lado, físico: se exalta, se eleva en alto la Cruz para que todos la vean —tal como hizo el patriarca de Jerusalén tras el hallazgo de Elena, y como repite cada sacerdote el Viernes Santo al mostrarla a los fieles. Por otro, espiritual: se exalta su significado. La liturgia católica de este día compara la Cruz con un árbol cuyas hojas curan enfermedades, tomando una imagen del profeta Ezequiel: así como ese árbol sana a quien se acerca a él, la Cruz —dicen los cristianos— tiene el poder de sanar y salvar a cualquier persona, sin importar de dónde venga.
Por eso el gesto de santiguarse, tan cotidiano que muchos lo repiten casi sin pensar, tiene detrás toda esta historia: cada vez que alguien hace la señal de la cruz, está recordando, aunque sea sin darse cuenta, que después de la muerte viene la resurrección.
La época
Esta fiesta tiene dos anclajes históricos, separados por casi tres siglos: el Imperio Romano del siglo IV, recién convertido al cristianismo tras Constantino, y el Imperio Bizantino del siglo VII, en plena guerra contra el Imperio Persa.
La historia
En el año 326, Santa Elena, madre del emperador Constantino, viaja a Jerusalén ya anciana, decidida a encontrar los lugares santos de la vida de Cristo. En el monte Calvario manda demoler un templo pagano dedicado a Venus, construido allí deliberadamente siglos antes para borrar el recuerdo cristiano del lugar. Bajo sus cimientos aparecen tres cruces. Para determinar cuál era la de Cristo, cuenta la tradición que acercaron a un moribundo a cada una de ellas: al tocar la tercera, el hombre sanó. Constantino manda construir sobre el lugar la basílica del Santo Sepulcro, consagrada en el año 335.
El hallazgo de las tres cruces en el Calvario, año 326.
Casi tres siglos después, en el 614, el ejército persa saquea Jerusalén y se lleva la reliquia como trofeo de guerra. En el 628, el emperador bizantino Heraclio derrota a los persas y recupera la Cruz. Quiere devolverla a Jerusalén con todo el boato imperial: corona, manto púrpura, cargándola él mismo sobre los hombros como un trofeo. Pero al intentar entrar por la puerta de la ciudad, queda paralizado, incapaz de dar un paso más. El patriarca de Jerusalén, que le acompaña, le hace ver que ese esplendor contradice la humildad con la que el propio Cristo cargó la cruz por esas mismas calles. Heraclio se despoja de la corona y el manto, se descalza, y avanza con ropas sencillas. Solo entonces logra entrar y devolver la reliquia a su lugar.
Heraclio, ya despojado de corona y manto, entrando por fin en Jerusalén.
Curiosidades
Hasta 1960, la Iglesia católica celebraba dos fiestas distintas dedicadas a la Cruz: la Invención (el hallazgo, el 3 de mayo) y la Exaltación (la recuperación, el 14 de septiembre). Aquella reforma litúrgica unificó ambos recuerdos en una sola fecha, la de septiembre, que es la que ha llegado hasta hoy.
Reliquias y devoción popular
De aquella Cruz original se repartieron fragmentos —llamados lignum crucis, "madera de la cruz"— por medio mundo, y algunos de los santuarios que los conservan se convirtieron con los siglos en grandes centros de peregrinación.
En Santo Toribio de Liébana (Cantabria) se venera el fragmento más grande que se conserva en el mundo, por delante incluso del que hay en el Vaticano: un análisis científico confirmó que es madera de ciprés de más de 2.000 años. Durante la Guerra Civil española, para protegerlo, los monjes lo escondieron bajo tierra y colocaron una réplica en su lugar; no volvió a su sitio hasta 1938.
En Caravaca de la Cruz (Murcia) se conserva otro fragmento con una leyenda todavía más extraordinaria. Cuenta la tradición que, en 1232, un sacerdote cristiano cautivo del rey moro de la región iba a celebrar misa ante él, que sentía curiosidad por ver el ritual cristiano de cerca. Pero al sacerdote le faltaba la cruz para el altar. En ese instante, dos ángeles bajaron del cielo y la depositaron ante él: era un fragmento auténtico de la Vera Cruz, perteneciente al patriarca de Jerusalén. El rey moro, testigo del prodigio, se convirtió al cristianismo en el acto. Junto con Toribio de Liébana, Caravaca es uno de los cinco únicos lugares del mundo con privilegio de Año Jubilar perpetuo, junto a Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela.
Otro fragmento se venera en Bilbao, en la Basílica de Begoña, con culto propio precisamente hoy, 14 de septiembre.
Pero la devoción a la Cruz no se quedó solo en Europa. En Gishen Debre Kerbe, un monasterio etíope situado sobre una montaña con forma de cruz a más de 3.000 metros de altitud, la Iglesia ortodoxa etíope venera su propio fragmento, llegado según su tradición desde Egipto. Cada año celebran el Meskel ("cruz", en amárico) con una de las fiestas más multitudinarias del país: la procesión Demera, en la que una hoguera gigante, adornada con las flores amarillas que solo florecen en estas fechas, se prende ante multitudes vestidas con trajes tradicionales.
La procesión Demera del Meskel etíope, con sus característicos cruces procesionales.
Cómo reconocerla en el arte
La representación más directa es la propia Cruz, a menudo elevada en alto por un obispo o un emperador ante una multitud —el gesto litúrgico de la "exaltación" convertido en imagen—. Otra tradición, más íntima, representa la Cruz vacía tras el descendimiento: sin la figura de Cristo, solo con el sudario, la corona de espinas y los clavos a sus pies, como recordatorio silencioso de la Pasión. El estilo bizantino conviene al episodio de Elena (siglo IV); la miniatura de manuscrito iluminado, al de Heraclio (siglo VII).
Folclore y actualidad
Un estado entero de México lleva el nombre de esta fiesta sin que casi nadie repare en ello. Cuando Hernán Cortés desembarcó en la costa mexicana el 22 de abril de 1519, ese día era Viernes Santo. En homenaje a la fecha, llamó al asentamiento que fundó "Villa Rica de la Vera Cruz" —"vera", de verdadera—. Con el tiempo, aquel nombre quedó como el del actual estado de Veracruz.
Patronazgo
Símbolo central del cristianismo, sin patronazgo profesional específico.
Oración
Cruz Santa, que de instrumento de vergüenza te convertiste en signo de salvación, enséñanos a mirarte sin miedo. Que sepamos ver, en cada cruz que nos toca cargar, la promesa de que después de la muerte viene la resurrección, y que ningún peso que llevemos con amor se carga en soledad. Amén.
DIES SANCTI