La época
Asís, región italiana de Umbría, finales del siglo XII. Italia vivía entonces dividida por un conflicto muy concreto: de un lado, las ciudades que apoyaban al Papa; del otro, las que apoyaban al Emperador alemán del Sacro Imperio, heredero en teoría del antiguo Imperio Romano. Cada ciudad se alineaba con uno u otro bando, y las ciudades vecinas solían quedar en bandos opuestos, lo que generaba guerras constantes entre ellas. Asís apoyaba al Papa; la vecina Perugia, al Emperador — y ambas se enfrentaron en una guerra real. Es en este ambiente de ciudades enriquecidas por el comercio textil pero desangradas por estas guerras internas donde nace y crece Francisco, hijo de un próspero comerciante de telas.
La historia
De joven, Francisco sueña con ganarse fama de caballero, y esa misma ambición de gloria militar es lo que le lleva a alistarse en la milicia de Asís cuando estalla la guerra contra Perugia. La batalla sale mal: es capturado y pasa un año entero prisionero. Durante ese cautiverio cae gravemente enfermo, y es en esa enfermedad, ya de vuelta en Asís, cuando empieza por primera vez a cuestionarse el sentido de la vida despreocupada que llevaba hasta entonces.
Poco después, cabalgando por el campo, se topa de frente con un leproso. Por su propia confesión, sentía tal repugnancia hacia ellos que, si veía una leprosería a dos millas de distancia, se tapaba la nariz. Haciendo un esfuerzo enorme contra su propio asco, desmonta, le da limosna y le besa la mano; el leproso, a su vez, le besa la mano a él. Al volver a montar y girarse, el leproso ya no está — Francisco lo interpreta como un encuentro con el propio Cristo, y explicará después que lo que antes le resultaba amargo se le convirtió, desde ese día, en dulzura.
El beso al leproso que le cambió la vida.
Poco después, orando ante un crucifijo en la ermita en ruinas de San Damián, escucha tres veces: "repara mi Iglesia, que se derrumba". Lo entiende al pie de la letra y empieza a vender telas de su padre para reconstruir la ermita con sus propias manos. Su padre, furioso, lo encierra con grilletes; su madre lo libera a escondidas. Llevado finalmente ante el obispo de Asís, Francisco se desnuda por completo en la plaza pública y devuelve la ropa a su padre, declarando: "Hasta ahora te he llamado padre en la tierra, pero ahora digo: Padre nuestro, que estás en el cielo". El obispo lo cubre con su propia capa.
La renuncia pública a la herencia de su padre.
Años más tarde, en 1219, en plena Quinta Cruzada, Francisco protagoniza uno de los episodios más insólitos de su vida: cruza desarmado las líneas del ejército cruzado en Damieta (Egipto) con la única intención de hablar de paz con el sultán al-Malik al-Kamil, sobrino del mismísimo Saladino. Es capturado primero por soldados musulmanes, pero pide ser llevado ante el propio sultán. Este, lejos de hacerle daño, queda impresionado por su valentía y humildad, y lo recibe con hospitalidad — llegando a preguntarle, según la tradición, por qué los cristianos predican el amor y hacen la guerra. Francisco no logra convertirlo, pero el sultán le permite predicar libremente y visitar los lugares santos, un gesto de diálogo casi inaudito en plena cruzada.
Su filosofía y forma de vida
Para Francisco, la pobreza no era una obligación económica que soportar, sino algo que él mismo personificaba como una dama a la que cortejar: la "Dama Pobreza". No se trataba de pasar penurias por el simple hecho de sufrir, sino de vaciarse de todo lo que pudiera estorbar la confianza total en Dios. En la primera regla que escribió para sus seguidores usa la expresión latina "sine proprio" —sin nada propio— en vez de simplemente "pobreza", para dejar claro que hablaba de una actitud interior de desapego, no solo de la ausencia de dinero. De ahí nace también su idea de "fraternidad universal": llamaba "hermano" y "hermana" no solo a las personas, sino al sol, a la luna, al viento y hasta a la propia muerte — todos, para él, hijos del mismo Padre. Vivía predicando de pueblo en pueblo, sin convento fijo, mendigando su propio sustento cada día, y se negó siempre a que su orden acumulara propiedades o privilegios, algo que causó tensiones internas ya en vida.
Milagros
En Gubbio, un lobo feroz aterrorizaba a la población, devorando ganado y personas. Según la leyenda —recogida casi un siglo después de su muerte, en las "Florecillas de San Francisco"— Francisco sale a su encuentro, lo llama "hermano lobo" y negocia una paz: los vecinos lo alimentarán a diario, y el lobo no volverá a atacar a nadie. El lobo, según el relato, levanta la pata delantera y la posa en la mano de Francisco como signo de promesa, y vive el resto de sus días manso entre la gente del pueblo.
La paz negociada con el lobo de Gubbio.
Los primeros compañeros de Francisco contaban también que las aves se posaban con frecuencia en sus hombros mientras predicaba, y que en una ocasión se dirigió directamente a una bandada entera, explicándoles que debían alabar a Dios por haberles dado alas para volar y plumas para vestirse sin necesidad de trabajar.
El episodio más extraordinario ocurre en septiembre de 1224, en los últimos años de su vida. Francisco se retira con unos pocos hermanos al monte Alverno (La Verna), un lugar apartado que un noble le había regalado para el retiro espiritual. Allí se impone un ayuno de cuarenta días en honor al arcángel Miguel, en soledad casi completa. Hacia el final de ese periodo, en la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, tiene una visión: un ser alado con seis alas —un serafín— desciende hacia él con la figura de Cristo crucificado en su centro. Cuando la visión se desvanece, Francisco descubre en su propio cuerpo las marcas de la crucifixión: heridas abiertas en ambas manos, en los pies, y una en el costado. Es el primer caso documentado en toda la historia del cristianismo de una persona que manifiesta los estigmas de Cristo. A partir de ese momento y hasta su muerte, dos años después, oculta las manos con las mangas del hábito, sin querer que nadie viera las llagas.
Los estigmas recibidos en el monte Alverno, 1224.
Curiosidades
En la Nochebuena de 1223, en una cueva junto al pueblo de Greccio, Francisco organiza —con permiso papal— la primera representación en vivo de la Navidad de la historia: un pesebre real, un buey y una mula, sin ningún actor haciendo de María o José. Según la tradición, esa noche varios testigos vieron y oyeron llorar a un niño de carne en los propios brazos de Francisco. De aquí nace toda la tradición posterior del belén.
Hacia 1225, ya ciego y gravemente enfermo, compuso el "Cántico de las Criaturas" — uno de los primeros textos literarios conocidos escritos en italiano vernáculo, no en latín, que alaba a Dios a través de "el hermano sol", "la hermana luna", "el hermano viento" y, en sus últimas estrofas, incluso "la hermana muerte corporal".
Reliquias y arqueología
Está enterrado en la Basílica de San Francisco de Asís, construida enseguida tras su canonización en 1228 — un edificio insólito formado por dos iglesias superpuestas, decoradas con los frescos de Giotto que narran su vida, considerados una de las cumbres de la pintura anterior al Renacimiento.
Su tumba tiene, además, una historia casi de intriga: para protegerlo de robos y profanaciones, algo habitual en la Edad Media, sus hermanos ocultaron el cuerpo bajo el altar mayor de la basílica, entonces todavía en construcción, y el lugar exacto se perdió durante casi seiscientos años. Durante ese tiempo circularon leyendas populares que afirmaban que el santo había "resucitado" o que su cuerpo permanecía incorrupto, casi vivo. No fue hasta 1818, tras 52 días de excavación autorizados por el papa Pío VII, cuando se localizó de nuevo el sepulcro original.
Cómo reconocerlo en el arte
Hábito marrón con capucha y cordón a la cintura, estigmas visibles en manos y pies, a menudo con una calavera cerca (recordando a la "hermana muerte"), rodeado de pájaros o con un lobo manso a su lado.
Folclore y actualidad
El 4 de octubre es también, no por casualidad, el Día Mundial de los Animales — se eligió esta fecha precisamente por Francisco. En 1979, Juan Pablo II lo declaró oficialmente patrono de los animales y de la ecología. Hoy, cada 4 de octubre, en templos de todo el mundo miles de familias llevan a sus mascotas a que un sacerdote las bendiga — una tradición completamente viva, no solo un recuerdo histórico.
Patronazgo
Patrono de Italia, de los animales y de la ecología.
Oración
San Francisco, tú que encontraste hermanos hasta en el sol y en la muerte, enséñanos a poseer menos para amar más, y a no temer aquello que nos repugna a primera vista, pues ahí, como tú descubriste, puede estar escondido lo que más necesitamos encontrar. Amén.
DIES SANCTI