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San Gregorio Magno

3 de septiembre

San Gregorio Magno

En el arte: la tiara papal, el báculo, el libro, y la paloma que le susurra al oído

En el arteLa tiara papal, el báculo, el libro, y la paloma que le susurra al oído

La época

Corrían los últimos años del siglo VI, y Roma vivía uno de sus momentos más frágiles desde la caída del Imperio de Occidente. Los lombardos habían invadido buena parte de la península itálica, el Imperio Bizantino apenas podía defender a la ciudad desde tan lejos, y una plaga terrible —parte de la misma gran pandemia iniciada bajo el emperador Justiniano décadas antes— asolaba a la población. Fue en ese contexto de colapso, hambre y enfermedad donde un antiguo prefecto romano, convertido ya en monje, tuvo que asumir una responsabilidad que jamás había buscado.

La historia

Gregorio nació en Roma hacia el año 540, en el seno de la noble familia patricia de los Anicios — bisnieto del papa Félix III y pariente del papa Agapito I. Su padre, Gordiano, había sido senador antes de renunciar al mundo para servir a la Iglesia. Con una sólida formación en derecho, Gregorio siguió inicialmente la carrera pública y llegó a ser, con solo treinta y cuatro años, prefecto de Roma — el cargo civil más alto de la ciudad.

Pero a la muerte de su padre, Gregorio decidió abandonar por completo la vida política: convirtió su propio palacio en el monte Celio en un monasterio dedicado a San Andrés, y llegó a fundar hasta siete monasterios más con su herencia. Su vocación monástica se vio interrumpida cuando el papa Pelagio II lo nombró diácono y lo envió como embajador papal a Constantinopla, donde permaneció seis años representando los intereses de Roma ante la corte bizantina.

Cuando Pelagio II murió víctima de la peste que azotaba la ciudad en el año 590, el pueblo y el clero aclamaron a Gregorio como su sucesor. La tradición cuenta que él, lejos de sentirse honrado, intentó huir y esconderse en una cueva para evitar el cargo — sin éxito. Fue consagrado Papa el 3 de septiembre de aquel mismo año, con Roma todavía sumida en la crisis de la peste y el asedio lombardo.

Curiosidades

Años antes de ser Papa, cuenta la tradición que Gregorio paseaba por el mercado de esclavos de Roma cuando reparó en un grupo de cautivos de gran estatura, rostro hermoso y cabello rubio. Movido por la curiosidad, preguntó de dónde procedían. "Son anglos", le respondieron —es decir, del pueblo anglosajón, todavía pagano en aquella época—. Gregorio, jugando con el parecido entre las palabras latinas Angli (anglos) y angeli (ángeles), respondió: "Non Angli, sed angeli" — "No son anglos, sino ángeles". El encuentro, más allá de la ocurrencia ingeniosa, despertó en él un interés real por evangelizar aquel pueblo lejano: ya como Papa, envió al monje Agustín de Canterbury a predicar en Inglaterra, una misión que terminaría cristianizando la isla.

Un clérigo observa con admiración y compasión a un grupo de cautivos altos y rubios en un mercado romano, representado al estilo de un mosaico bizantino dorado

"Non Angli, sed angeli": el encuentro en el mercado que despertó en Gregorio el interés por evangelizar Inglaterra.

La visión del arcángel

Poco después de ser elegido Papa, y con la peste todavía haciendo estragos en Roma, Gregorio organizó una gran procesión penitencial por toda la ciudad: siete cortejos distintos —clero, monjes, monjas, hombres, mujeres casadas, viudas y niños— recorriendo las calles para converger en la basílica de Santa María la Mayor, pidiendo el fin de la epidemia. Se dice que, durante aquella procesión, murieron ochenta personas en solo una hora — y aun así Gregorio insistió en continuar.

Al cruzar el puente que lleva hasta el antiguo mausoleo del emperador Adriano, la tradición cuenta que Gregorio y la multitud tuvieron una visión: el arcángel San Miguel apareció sobre la fortaleza, blandiendo una espada llameante — y, lentamente, la envainó. Gregorio interpretó aquel gesto como una señal de que la cólera divina se había aplacado, y que la peste llegaba a su fin. Poco después, así fue.

Una procesión religiosa solemne cruza un antiguo puente de piedra sobre un río, liderada por un Papa que mira hacia arriba con asombro, mientras sobre una fortaleza un arcángel alado envaina una espada llameante rodeado de luz radiante, representado al estilo de un mosaico bizantino dorado

La visión del arcángel Miguel envainando su espada: el momento que le dio nombre para siempre al Castel Sant'Angelo.

Aquel antiguo mausoleo romano, desde entonces, cambió de nombre: empezó a llamarse castellum sancti Angeli — el Castillo del Santo Ángel — y así se sigue conociendo hoy, casi mil cuatrocientos años después.

Reliquias y arqueología

La conexión de Gregorio con la Basílica de San Pedro es literalmente estructural. En el año 602, durante su pontificado, mandó construir un nuevo altar-monumento directamente sobre la tumba original del apóstol Pedro — una de las varias capas superpuestas que, siglo tras siglo, fueron envolviendo el sepulcro original: primero el monumento de mármol y pórfido que erigió el emperador Constantino en el siglo IV, después el propio altar de Gregorio en el VII, luego el del papa Calixto II en el XII, y finalmente el gran altar que hoy se ve bajo la cúpula de Miguel Ángel, construido en 1594. Las excavaciones arqueológicas del siglo XX permitieron documentar, capa a capa, todas estas construcciones sucesivas hasta llegar a la tumba original del apóstol.

Un Papa anciano supervisa la construcción de un altar de piedra dentro de una antigua basílica, con trabajadores colocando bloques de mármol tallado sobre un monumento funerario más antiguo, representado al estilo de un mosaico bizantino dorado

Gregorio construye su propio altar sobre la tumba de San Pedro en el año 602 — una capa más en la larga historia del sepulcro del apóstol.

Gregorio murió en el año 604, y fue sepultado en la propia Basílica de San Pedro, donde su tumba puede visitarse hoy en día, cerca de los altares de otros papas que compartieron su mismo nombre a lo largo de los siglos.

Cómo reconocerlo en el arte

San Gregorio suele representarse con las vestiduras papales, incluida la tiara o el pallium, sosteniendo un báculo o cruz papal y, con frecuencia, un libro que recuerda su enorme legado escrito. Su atributo más característico, sin embargo, es una pequeña paloma junto a su oído o su hombro: la tradición cuenta que un pájaro le susurraba al oído mientras escribía, o que picoteaba la boca de su secretario para indicarle cuándo callar y cuándo Gregorio retomaba el dictado — una imagen que simboliza la inspiración divina detrás de sus escritos y del canto litúrgico que lleva su nombre. Conviene señalar, eso sí, que estudios académicos recientes matizan que la autoría directa de Gregorio sobre el canto gregoriano es, en gran medida, una atribución posterior más legendaria que histórica.

Folclore y actualidad

La visión del arcángel no solo bautizó el castillo: encendió, literalmente, una tradición que sigue viva hoy. A raíz de aquel episodio, se estableció la costumbre de lanzar fuegos artificiales desde el castillo para celebrar las grandes fiestas religiosas de Roma. En 1481 el papa Sixto IV oficializó esta tradición, conocida como la Girandola, cuyo diseño original se atribuye nada menos que a Miguel Ángel, perfeccionado después por Bernini. La Girandola se celebraba cada Pascua y cada 29 de junio, festividad de los patronos de Roma, San Pedro y San Pablo — y esta última fecha sigue celebrándose en la actualidad: cada 29 de junio, Roma organiza un espectáculo pirotécnico de veinte minutos visible desde varios puentes sobre el Tíber, en homenaje directo a aquella visión de hace casi mil cuatrocientos años.

Hoy, además, el propio Castel Sant'Angelo alberga una exposición permanente dedicada a esta tradición pirotécnica, en la que se explica de forma explícita la conexión entre los fuegos artificiales y la visión original de Gregorio — cerrando el círculo entre la leyenda del siglo VI y una celebración que sigue iluminando el cielo de Roma cada año.

Silueta nocturna de una antigua fortaleza circular coronada por una estatua alada de un ángel envainando una espada, con fuegos artificiales dorados estallando simétricamente alrededor contra un cielo azul profundo, representado al estilo de un mosaico bizantino

La Girandola de hoy: fuegos artificiales que Roma sigue encendiendo cada 29 de junio, herederos directos de la visión de Gregorio.

Patronazgo

Doctor de la Iglesia, patrono de los músicos, cantores, estudiantes y maestros; abogado contra la peste y la gota.

Oración

San Gregorio Magno, que gobernaste con humildad en tiempos de ruina y enfermedad, y supiste ver esperanza incluso en medio de la peste, ayúdanos a mantener la fe firme cuando todo a nuestro alrededor parezca desmoronarse. Amén.

Fuentes consultadas: Vatican News, ACI Prensa, Archidiócesis de Granada, Universidad Internacional de Valencia, El Debate, Adelante la Fe, Turismo Roma, Castillo de Sant'Angelo (portal oficial de información turística).

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