La época
Siria, finales del siglo I y principios del siglo II. Antioquía es, después de Roma y Alejandría, la tercera gran metrópoli del Imperio romano, y según los Hechos de los Apóstoles fue allí donde los seguidores de Cristo empezaron a llamarse "cristianos" por primera vez. El cristianismo sigue siendo una religión minoritaria, tolerada unas veces y perseguida otras según el emperador de turno — bajo Trajano, que gobierna durante los últimos años de esta historia, las persecuciones vuelven a arreciar.
La historia
Ignacio nace hacia el año 50 d.C. en Siria. La tradición sostiene que fue discípulo directo de San Juan Evangelista, y con el tiempo llega a convertirse en el tercer obispo de Antioquía, sucesor de Evodio — consagrado, según la tradición, por el propio apóstol Pedro. Gobierna la diócesis durante unos cuarenta años, con una entrega que le gana el reconocimiento de cristianos de toda la región.
Bajo el emperador Trajano, Ignacio es arrestado y condenado a morir devorado por las fieras en Roma. Lo trasladan encadenado, por tierra y mar, custodiado por diez soldados a los que él mismo describe en una de sus cartas como "diez leopardos" — cuanto más amablemente los trataba, escribe, con más furia lo atormentaban ellos.
Camino al martirio, Ignacio escribe sus siete cartas.
Durante ese viaje escribe sus célebres siete cartas, uno de los documentos más valiosos que se conservan del cristianismo primitivo. En Esmirna, donde entonces era obispo Policarpo —otro discípulo de Juan—, escribe cuatro: a las Iglesias de Éfeso, Magnesia, Tralles y Roma. Ya en Troas, escribe tres más: a Filadelfia, a Esmirna, y al propio Policarpo. A los cristianos de Roma les suplica, casi como una oración, que no intercedan para librarlo de la condena: "Soy trigo de Dios, y seré molido por los dientes de las fieras para convertirme en el pan puro de Cristo".
El martirio de Ignacio en el Anfiteatro Flavio de Roma.
Muere devorado por las fieras en el Anfiteatro Flavio —el Coliseo— hacia el año 107.
Filosofía y forma de vida
En sus propias cartas, Ignacio se describe a sí mismo como "Teóforo" — el portador de Dios. Es, además, la primera persona en la historia en dejar constancia escrita de la expresión "Iglesia católica": "Donde está Jesucristo, allí está la Iglesia católica", escribe en su carta a los esmirniotas, usando "católica" en su sentido original griego de "universal".
Buena parte de sus cartas insisten en un mismo tema: la unidad de la Iglesia en torno al obispo local, como principio que debía prevalecer sobre cualquier división interna. Por esa insistencia, el papa Benedicto XVI lo llamaría siglos después "el Doctor de la Unidad". Ignacio también defiende con firmeza la verdadera humanidad de Cristo —que nació, comió, bebió y murió realmente en la cruz— frente al docetismo, una corriente de pensamiento de la época que sostenía que Jesús solo había parecido tener un cuerpo físico real.
Curiosidades
Cuenta la tradición que Ignacio fue, de niño, aquel que Jesús puso en medio de los apóstoles cuando le preguntaron quién sería el más grande en el reino de los cielos: "Quien no se haga como un niño no puede entrar en el reino de los cielos" (Marcos 9,36). El propio Evangelio no da ningún nombre a ese niño, pero varios de los primeros Padres de la Iglesia dieron crédito a esta identificación — una forma, más que de dato histórico comprobado, de explicar la humildad y la fe sencilla que Ignacio mostraría después durante toda su vida adulta.
El niño que Jesús puso en medio de los apóstoles.
Existe también otra tradición, igual de piadosa: que al recoger los restos de su cuerpo tras el martirio, los cristianos de Antioquía encontraron escrito en su corazón, con letras de oro, el nombre de Jesucristo — origen legendario, según este relato, de por qué se le conocía como "Teóforo". En realidad, Ignacio ya usaba ese título para sí mismo en vida, en sus propias cartas, antes incluso de morir.
Reliquias y arqueología
Tras su martirio, los fieles recogieron los restos de Ignacio y los llevaron de vuelta a Antioquía, donde fueron enterrados cerca del suburbio de Dafne. Más tarde, el emperador Teodosio II los trasladó al Tiqueo, el antiguo templo de la Fortuna convertido ya en iglesia cristiana. En el año 637, tras la conquista persa de Antioquía, sus reliquias hicieron un último viaje, esta vez definitivo, hasta Roma. Hoy reposan bajo el altar mayor de la Basílica de San Clemente, junto a las del propio papa san Clemente — un lugar real y visitable hoy en día, a pocos pasos del Coliseo donde Ignacio murió.
Cómo reconocerlo en el arte
Se le representa como un obispo anciano, de barba blanca, con vestiduras sencillas propias de la Iglesia primitiva y sosteniendo un pergamino o un libro, en alusión a sus cartas. Su atributo más distintivo son dos leones a su lado — a veces en actitud serena, a veces mordiéndolo —, recordando el modo en que murió.
Patronazgo
No consta un patronazgo institucional formal ampliamente reconocido más allá de ser venerado como patrono de la propia Diócesis de Antioquía, y como símbolo de la unidad de la Iglesia en torno al obispo — el tema central de todas sus cartas.
Oración
San Ignacio de Antioquía, tú que desde niño aprendiste la humildad a los pies de Cristo, y que de camino a tu propia muerte seguiste escribiendo sobre la unidad y el amor, ayúdanos a no perder la serenidad en lo que nos cuesta, y a recordar que ningún miedo es mayor que la certeza de a quién pertenecemos. Amén.
DIES SANCTI