La época
Imperio romano tardío, c. 347-420 — nace en Estridón (en la actual frontera entre Croacia y Eslovenia, entonces Dalmacia) y muere en Belén. Es una de las grandes figuras de la Patrística, el periodo de formación de la doctrina cristiana tras la legalización del cristianismo en el Imperio.
La historia
Jerónimo estudia en Roma gramática y retórica clásica bajo el célebre Elio Donato, y se apasiona por Cicerón y los grandes autores paganos — una afición que le perseguirá toda la vida. Pasa después dos años como ermitaño en el desierto de Calcis, en Siria, donde aprende hebreo de un rabino converso: será, probablemente, el único Padre de la Iglesia latino que llegó a dominar esa lengua a fondo.
En plena vida ascética, durante un ayuno de Cuaresma, tiene una experiencia que él mismo describe en una carta a su discípula Eustoquia como una visión aterradora: se ve arrastrado ante el tribunal de Cristo, donde se le pregunta a qué religión pertenece. Responde que es cristiano, pero recibe una réplica demoledora — "¡Mientes! Eres ciceroniano, no cristiano" — y es azotado en el sueño por anteponer la literatura pagana a la Escritura. Tras despertar, jura no volver a leer libros profanos, y su estilo literario cambia de forma radical a partir de ese momento.
La visión que le hizo jurar no volver a leer literatura pagana.
Ordenado sacerdote en Antioquía, regresa a Roma como secretario del papa Dámaso I en el año 382, quien le encarga la tarea que lo haría inmortal: traducir la Biblia al latín directamente desde los originales hebreo y griego. En Roma dirige espiritualmente a un grupo de mujeres nobles —Paula, Marcela, Eustoquia— en el estudio de la Escritura, y se gana no pocos enemigos por su lengua afilada: suya es la frase de que ciertas señoras ricas de Roma "tienen tres manos: la derecha, la izquierda... y una tercera para robar". Tras la muerte de Dámaso, las calumnias contra él se intensifican y se ve obligado a abandonar la ciudad.
Se instala entonces en Belén, en una celda excavada en la roca junto a la misma gruta de la Natividad, donde pasará sus últimos 34 años completando la Vulgata (382-405) — la primera traducción bíblica hecha directamente desde las lenguas originales, sin pasar por traducciones intermedias.
Traduciendo la Biblia al latín en su celda de Belén.
Curiosidades
El famoso Moisés de Miguel Ángel, en Roma, lleva dos cuernos en la cabeza — y el origen se remonta directamente a la Vulgata. En Éxodo 34, el hebreo original describe el rostro de Moisés con la palabra "karan", que puede significar tanto "irradiaba rayos de luz" como "tenía cuernos" (comparte raíz con "keren", cuerno). Jerónimo optó por la segunda lectura y tradujo "cornuta esset facies sua" ("su rostro era cornudo"). Cuando el posible error ya era conocido, muchos artistas cambiaron los cuernos por rayos de luz, pero Miguel Ángel decidió mantener la iconografía tradicional. Conviene decirlo con honestidad: algunos filólogos discuten si fue realmente un error, dado que la ambigüedad del hebreo original es real y la elección de Jerónimo podría haber sido deliberada.
La imagen de Jerónimo con un león a sus pies, tan repetida en el arte, es en realidad una confusión histórica: la leyenda de curar la pata de un león herido pertenece originalmente a San Gerásimo, otro ermitaño del desierto con un nombre parecido, que se celebra el 5 de marzo. La similitud de los nombres hizo que, desde la Edad Media, el público le "adjudicara" el león a Jerónimo — y así se quedó fijado en el arte para siempre.
La leyenda del león, prestada en realidad de San Gerásimo.
Reliquias y arqueología
Jerónimo fue enterrado junto a la gruta de la Natividad en Belén, pero sus restos fueron trasladados siglos después a Roma, a la Basílica de Santa María la Mayor, donde descansan en la Cripta de Belén, bajo el altar mayor, junto al relicario de la Sagrada Cuna. Y aquí hay una conexión de rabiosa actualidad: al morir en abril de 2025, el papa Francisco eligió ser enterrado precisamente en esa misma basílica —rompiendo la tradición de siglos de sepultar a los papas en el Vaticano—, quedando su tumba a escasos metros de donde reposan los huesos de Jerónimo desde hace 1.600 años.
Cómo reconocerlo en el arte
Anciano de barba blanca, semidesnudo o con hábito de penitente, rodeado de libros y una calavera (símbolo de memento mori). Es muy habitual verlo vestido con el capelo y las vestiduras rojas de cardenal a su lado — un anacronismo total, ya que ese cargo no existió hasta siglos después de su muerte; probablemente el origen sea una forma simbólica de representar su papel de secretario y consejero de confianza del Papa. Y, casi siempre, un león a sus pies —la leyenda prestada que ya hemos aclarado más arriba.
Folclore y actualidad
Desde 1991, la Federación Internacional de Traductores estableció el 30 de septiembre como el Día Internacional de la Traducción en su honor, reconocido después oficialmente por la ONU — cada año, en esta misma fecha, el mundo entero de la traducción profesional celebra a su patrono.
En España existe una orden religiosa que lleva su nombre y que es, de hecho, genuinamente española: la Orden de los Jerónimos, fundada en el siglo XIV y tan ligada a la Corona de Castilla que levantó el Monasterio de Guadalupe, el Monasterio de El Escorial (Felipe II) y el Monasterio de Yuste, donde el emperador Carlos V se retiró a morir en 1558. Hoy la orden sigue existiendo, aunque muy reducida: solo le queda un monasterio en activo, el de El Parral, en Segovia. En pleno Madrid, la Iglesia de los Jerónimos —antiguo monasterio real, junto al Museo del Prado— sigue siendo parroquia activa hoy: allí se celebraron juras de herederos al trono desde Felipe II (1528) hasta Isabel II (1833), la boda de Alfonso XIII en 1906, y la última proclamación real, la de Juan Carlos I, en 1975.
Patronazgo
Patrono de los traductores, bibliotecarios, archiveros y arqueólogos.
Oración
San Jerónimo, tú que dedicaste tu vida entera a que la Palabra llegara a todos en su propia lengua, ayúdanos a amar la Escritura como tú la amaste, y a que ninguna otra pasión ocupe en nuestro corazón el lugar que solo a Dios pertenece. Amén.
DIES SANCTI