La época
Italia del siglo XVII, en pleno Barroco, con la Inquisición todavía muy activa y vigilante ante cualquier fenómeno que se saliera de lo común.
La historia
José nace en 1603 literalmente en un establo, en el pueblo de Cupertino (Nápoles), por la extrema pobreza de su familia. De niño y joven es torpe, distraído, casi incapaz de aprender: varias órdenes religiosas lo rechazan sin contemplaciones. Termina suplicando a los franciscanos que al menos le dejen trabajar en las cuadras del convento. Impresiona tanto por su humildad y sencillez que, en 1625, le admiten como fraile de pleno derecho.
Su ordenación sacerdotal pende de un hilo por su ignorancia, hasta que en el examen final ocurre algo providencial: le toca explicar de memoria un pasaje del Evangelio, y por pura casualidad —o no tanta— es exactamente el único que se sabía: "Bendito el fruto de tu vientre". A partir de ahí, empiezan los fenómenos que le harían famoso en toda Europa: le basta con que alguien mencione a Jesús o a María delante de él para que entre en éxtasis y se eleve varios metros del suelo. En su proceso de canonización llegarían a documentarse más de **70 casos de levitación**, solo en el convento de Grotella.
Su fama corre tan rápido que le llevan ante el propio **Papa Urbano VIII**, escéptico ante lo que le contaban. Mientras José se inclina para besarle los pies, según la costumbre, se eleva en el aire ante todos los presentes — solo desciende cuando su superior se lo ordena expresamente. El Papa queda tan impresionado que declara que, si José moría durante su pontificado, él mismo testificaría sobre la levitación que había presenciado con sus propios ojos.
José levita ante el Papa Urbano VIII al intentar besarle los pies.
En Asís, un embajador español —el Gran Almirante de Castilla— visita a José y queda tan impresionado que quiere que su esposa también lo conozca. Mientras la pareja espera en la iglesia, José entra, ve una estatua de la Inmaculada Concepción, y se eleva volando sobre las cabezas de toda la multitud hasta llegar junto a ella, donde permanece orando suspendido en el aire antes de regresar volando a la puerta.
El vuelo de Asís, sobre las cabezas de los fieles, hacia la Inmaculada.
Uno de sus prodigios más célebres ocurre cuando diez obreros intentan sin éxito subir una pesada cruz de madera a lo alto de un monte cercano. José se eleva por los aires cargando la cruz él solo y la deposita en la cima "como si fuera paja". Un príncipe protestante alemán, el duque Juan Federico de Brunswick, llegó a convertirse al catolicismo tras ser testigo de uno de estos episodios de levitación.
José carga volando una cruz que diez hombres no lograban mover.
Además de la levitación, se le atribuyen otros dones: curaba enfermos con la señal de la cruz, leía los corazones de quienes se confesaban con él, y ejercía de exorcista aunque se consideraba indigno de hacerlo. Tuvo también el don de la profecía —predijo el día y la hora de la muerte de dos papas— y, al menos en una ocasión, el de la bilocación: estando en Asís, percibió que su madre agonizaba en su pueblo natal, a cientos de kilómetros. Numerosos testigos junto al lecho de la anciana relatan que una gran luz entró en la habitación: era José, presente allí sin haberse movido. Su madre, al verlo, exclamó "¡Oh Padre José, oh hijo mío!" y murió en ese mismo instante.
La bilocación junto al lecho de muerte de su madre.
Por el revuelo público que causaba allá donde iba, la Inquisición lo trasladó de convento en convento durante años, alejándolo siempre de la curiosidad de la gente. José nunca se atribuyó mérito alguno por ninguno de estos dones — los acreditaba siempre a la intercesión de la Virgen María. Murió en Osimo el 18 de septiembre de 1663, repitiendo con los ojos fijos en lo alto una breve frase en latín: "Cupio dissolvi" ("deseo desligarme"), tomada de una carta de San Pablo — el mismo anhelo de quien había pasado la vida entera intentando, literalmente, elevarse hacia el cielo.
Curiosidades
Convencido de ser el más torpe e inútil de todos, se ponía a sí mismo el mote de "Fray Asno". Y cuando despertaba de sus éxtasis, se disculpaba con una frase entrañable: "Perdónenme estos mareos que me dan".
Reliquias y devoción popular
Su cuerpo se conserva hoy en su santuario de Osimo (Italia), expuesto a la veneración de los fieles.
Cómo reconocerlo en el arte
Se le representa casi siempre en pleno vuelo o levitando, los brazos extendidos hacia el cielo o hacia una imagen sagrada, con el hábito franciscano y una expresión de arrobamiento místico. El estilo barroco español —Zurbarán, Murillo— es el que mejor encaja con su época, siguiendo el mismo criterio que ya aplicamos a otros santos del siglo XVII.
Folclore y actualidad
Su huella llegó, sin que casi nadie lo sepa, hasta el corazón de Silicon Valley. Un cartógrafo del explorador español Juan Bautista de Anza bautizó un arroyo californiano como "Arroyo San José de Cupertino", en su honor. Con el tiempo, ese nombre dio lugar a la ciudad de Cupertino, California — hoy sede mundial de Apple, donde Steve Jobs y Steve Wozniak estudiaron en el instituto antes de fundar la compañía. Un fraile del siglo XVII que levitaba dio nombre, sin saberlo, al lugar donde hoy se diseña el iPhone.
Patronazgo
Patrono de los estudiantes, especialmente en época de exámenes; también de los pilotos, aviadores, viajeros aéreos, astronautas y personas con discapacidad intelectual.
Oración
San José de Cupertino, tú que fuiste "Fray Asno" a los ojos del mundo y elevado a los ojos de Dios, ayúdanos a no medir nuestro valor por lo que otros ven en nosotros. Intercede por quienes se enfrentan a un examen, a una prueba, a un momento en que se sienten pequeños e insuficientes — que encuentren, como tú, la gracia justo cuando más la necesitan. Amén.
DIES SANCTI