El último profeta
Juan es hijo de Zacarías, sacerdote del Templo, y de Isabel, pariente de María. Según el Evangelio de Lucas, ambos eran ya ancianos y Isabel había sido considerada estéril toda su vida, por lo que su embarazo se vivió como un signo milagroso. El ángel Gabriel anunció el nacimiento a Zacarías mientras oficiaba en el Templo; como este dudó de la noticia, quedó mudo hasta el día en que, rompiendo la costumbre de poner al hijo el nombre del padre, escribió en una tablilla: "Juan es su nombre" — y recuperó el habla en ese mismo instante.
La Visitación
Cuando el ángel anuncia a María que concebirá al Mesías, le dice también que su pariente Isabel está ya de seis meses, ella a quien "llamaban estéril" (Lucas 1, 36). María va entonces a visitarla, y en el momento del saludo, el niño salta de alegría en el vientre de Isabel, que se llena del Espíritu Santo y exclama en voz alta: "Bendita tú entre las mujeres" (Lucas 1, 42) — la frase que da origen al Ave María. Es decir, Juan reconoce la presencia de Cristo antes incluso de nacer.
La Visitación: Isabel reconoce al Mesías en el vientre de María, y el niño que lleva dentro salta de alegría.
El Precursor en el desierto
Juan vivió apartado en el desierto de Judea, vestido con una túnica de piel de camello y un cinturón de cuero, alimentándose de langostas y miel silvestre. Predicaba la conversión y el bautismo de penitencia junto al río Jordán, anunciando la inminente llegada del Mesías con una autoridad tan directa que ni las autoridades religiosas ni Herodes se atrevían a contradecirle abiertamente. De él dijo el propio Jesús: "No se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista" (Mateo 11, 11). Su propia forma de entender su misión queda resumida en una frase suya: "Es necesario que él crezca y que yo disminuya" (Juan 3, 30).
El Bautismo de Jesús
Jesús se acercó a Juan en el Jordán para ser bautizado por él, algo que Juan resistió al principio por considerarse indigno. Según los cuatro evangelios, en el momento del bautismo se abrieron los cielos, el Espíritu Santo descendió en forma de paloma, y se oyó una voz que decía: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia." Es el único episodio de la vida pública de Jesús narrado por los cuatro evangelistas, y el motivo por el que Juan es venerado como el último y mayor de los profetas: el que señaló directamente al Mesías.
El Bautismo en el Jordán, narrado por los cuatro evangelistas: el único episodio de la vida pública de Jesús que comparten todos ellos.
La denuncia ante Herodes
Herodes Antipas, tetrarca de Galilea, se había casado con Herodías, que antes había sido esposa de su propio hermano Filipo — una unión prohibida por la ley judía. Juan lo denunció abiertamente: "No te es lícito tener la mujer de tu hermano" (Marcos 6, 18). Herodías, que le odiaba por ello, quería verlo muerto, pero Herodes lo mantuvo preso sin ejecutarlo porque, según el mismo evangelio, sabía que Juan era un hombre justo y santo, y le tenía respeto.
Juan denuncia sin miedo la unión ilegítima de Herodes con Herodías, aun sabiendo el riesgo que corría.
El banquete y el martirio
En el banquete de cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías bailó ante los invitados. Le gustó tanto a Herodes que le prometió bajo juramento darle lo que pidiera. Ella, aconsejada por su madre, pidió la cabeza de Juan Bautista en un plato. El relato deja claro quién decide en cada paso: es Herodías quien odia a Juan y quien instruye a su hija sobre qué pedir; es Herodes quien, por no faltar a su palabra delante de los invitados, ordena la ejecución aun sabiendo que Juan era un hombre justo. El texto entristece explícitamente al propio Herodes antes de que cumpla la orden. Juan fue decapitado en la cárcel, y su cabeza fue entregada a la muchacha, quien se la dio a su madre.
El banquete de Herodes: la petición que llevó a la muerte del Precursor.
El martirio, sugerido sin representarse de forma explícita: la celda vacía tras la ejecución.
Reliquias y devoción popular
Pocos santos tienen una historia de reliquias tan disputada: al menos cuatro lugares distintos veneran hoy un cráneo como la auténtica cabeza de San Juan Bautista. En la basílica de San Silvestro in Capite, en Roma, se venera desde el siglo XII un cráneo (sin mandíbula, que se conserva aparte en Viterbo). En la catedral de Notre-Dame de Amiens se guarda otro, traído de Constantinopla en 1206 durante la Cuarta Cruzada. En la Gran Mezquita de Damasco hay un santuario venerado tanto por cristianos como por musulmanes. Y en 2012, unas reliquias halladas en Bulgaria, cerca de Sozopol, se analizaron científicamente y resultaron pertenecer a un hombre del siglo I de la región de Judea.
El día de hoy conmemora precisamente su martirio, distinto del 24 de junio, fecha de su nacimiento — Juan es el único santo del calendario al que la Iglesia dedica una fiesta tanto por su nacimiento como por su muerte. La tradición medieval (Leyenda Áurea) llama a esta fecha "la Degollación", y sitúa en un 29 de agosto posterior un segundo hallazgo legendario de su cabeza, en tiempos del emperador Valente.
Su devoción popular es enorme, sobre todo en torno al 24 de junio: en España están muy arraigadas las hogueras de San Juan la noche de su víspera, ligadas al solsticio de verano y con raíces anteriores al cristianismo, especialmente vivas en Burgos, León y Salamanca. Es patrono de la provincia de San Juan (Argentina), donde miles de fieles encienden fogatas y piden por la paz social; y de Venezuela, donde su fiesta mezcla tambores, danza y velorios nocturnos con una fuerte influencia afrodescendiente. En España, localidades como San Juan del Puerto (Huelva) le dedican fiestas patronales con procesión y fuegos artificiales.
Curiosidad
Cuatro cráneos distintos, en cuatro países distintos, se veneran hoy como la cabeza auténtica de San Juan Bautista: en Roma, en Amiens, en Damasco y en Bulgaria. Ningún otro santo del calendario tiene una reliquia tan disputada — ni una historia de devoción tan larga detrás de cada una de ellas.
Patronazgo
Patrono de Venezuela, de la provincia de San Juan (Argentina), de Quebec, y de numerosos pueblos hispanos; también de los pastores, tejedores de lana y peregrinos.
Oración
San Juan Bautista, que reconociste a Cristo antes de nacer y no dudaste en denunciar la injusticia aun a costa de tu propia vida, ayúdanos a preparar también nosotros un camino recto para Él en nuestro corazón. Amén.
DIES SANCTI