El origen de la fiesta
La Natividad de María es una de las fiestas marianas más antiguas de todo el calendario cristiano. Su origen se sitúa en Jerusalén, hacia el siglo IV o V, ligado a la dedicación de una antigua basílica construida sobre el lugar donde la tradición situaba la casa de Joaquín y Ana, los padres de María — el mismo solar donde hoy se alza la Basílica de Santa Ana, junto a los restos de la piscina Probática, donde Joaquín llevaba a lavar su rebaño de ovejas antes de ofrecerlas en sacrificio en el Templo. La fiesta llegó a Roma en el siglo VII, de la mano del papa Sergio I, que instauró una procesión solemne que recorría las calles de la ciudad hasta la Basílica de Santa María la Mayor.
La historia
Los Evangelios canónicos no cuentan nada sobre el nacimiento de María ni mencionan los nombres de sus padres. Toda esta historia proviene de un texto apócrifo del siglo II conocido como el Protoevangelio de Santiago, no incluido en el canon bíblico pero enormemente influyente en la piedad popular y en el arte cristiano posterior. Según este relato, Joaquín y Ana llevaban veinte años de matrimonio sin lograr tener hijos — una desgracia considerada, en la cultura judía de la época, como un signo de castigo divino. Afligido por el rechazo social que esto le suponía, Joaquín se retiró al desierto, donde ayunó durante cuarenta días entregado a la oración. Mientras tanto, Ana, en su propia soledad, no dejaba de rezar pidiendo a Dios que le concediera un hijo.
Según el relato, un ángel se apareció por separado a cada uno de ellos, anunciándoles que Ana concebiría y daría a luz una niña. El nacimiento se presenta así, desde el origen mismo de la tradición, como un acontecimiento milagroso — el fruto de una larga espera y de una fe sostenida contra toda esperanza.
El ángel anuncia a Joaquín, en su retiro en el desierto, el nacimiento milagroso que está por llegar.
Curiosidades
El calendario romano solo reconoce fiesta de nacimiento a tres figuras: Jesús (25 de diciembre), Juan Bautista (24 de junio) y María (8 de septiembre) — el resto de los santos son recordados en la fecha de su muerte, entendida como su verdadero "nacimiento" a la vida eterna. Que María comparta esta categoría excepcional con su propio Hijo y con el precursor que lo anunció da una idea de la importancia central que su figura ocupa en la tradición cristiana desde sus orígenes más tempranos.
Existe además una discrepancia curiosa sobre el lugar exacto de su nacimiento: mientras la tradición bizantina y la que dio origen a esta fiesta sitúan a María naciendo en Jerusalén, otras corrientes antiguas —recogidas en textos como el apócrifo del siglo IX atribuido falsamente a San Jerónimo— defienden que nació en Nazaret, y otros padres de la Iglesia como San Juan Crisóstomo la sitúan en Belén. La propia incertidumbre sobre un dato tan concreto es un buen recordatorio de cuánto de la infancia de María pertenece al terreno de la piadosa tradición, no de la historia documentada.
Reliquias y arqueología
Bajo la actual Basílica de Santa Ana, construida por los cruzados en el siglo XII sobre una iglesia bizantina anterior, se conservan los restos de esa basílica más antigua y unas criptas excavadas directamente en la roca que, según la tradición, formaron parte de la vivienda considerada como la casa natal de la Virgen. Es uno de los pocos lugares del santoral cristiano donde la tradición señala, con esta precisión, el punto exacto donde habría tenido lugar el nacimiento de un personaje bíblico — hoy la basílica está a cargo de los Padres Blancos, y sigue acogiendo cada 8 de septiembre una liturgia solemne en el mismo lugar.
Cómo reconocerla en el arte
La Natividad de María es un tema pictórico frecuente en el arte cristiano, con una composición bastante estable a lo largo de los siglos: Santa Ana aparece recostada en el lecho tras el parto, mientras un grupo de mujeres —comadronas o sirvientas— se ocupan de bañar y envolver a la recién nacida. Es habitual la presencia de ángeles anunciando la buena nueva, y en muchas versiones aparece también San Joaquín, a menudo algo apartado de la escena central, en actitud de agradecimiento u oración. La pequeña María suele representarse ya con un halo, anticipando su papel futuro desde el mismo instante de su nacimiento.
Folclore y actualidad
Esta fecha, más allá de su origen litúrgico, se ha convertido en España en un día de enorme devoción popular hacia varias advocaciones marianas locales. La más destacada es, sin duda, la Virgen de Covadonga —"la Santina"—, patrona de Asturias. Según la tradición, en el año 722 el caudillo Don Pelayo llevó su imagen a una cueva del monte Auseba, y la Virgen intervino provocando un desprendimiento de rocas que ayudó a los cristianos a vencer en la legendaria Batalla de Covadonga, considerada el inicio simbólico de la Reconquista. Cada 8 de septiembre, Asturias entera celebra su "Día de Asturias": la imagen "emerge" ceremonialmente del Lago Enol a las once de la mañana, se celebra misa solemne en la Basílica de Covadonga, y la fiesta continúa con romerías, música y sidra hasta la noche — una tradición institucionalizada desde 1984, aunque de raíz mucho más antigua.
La Batalla de Covadonga (722): la tradición atribuye a la intervención de la Virgen el desprendimiento de rocas que dio la victoria a los cristianos.
En los Pirineos catalanes se celebra también, este mismo día, a la Virgen de Nuria, patrona del Obispado de Urgell — y aquí aparece una conexión preciosa con otra ficha de este santoral: la leyenda de Nuria está protagonizada por San Gil, el mismo ermitaño que vimos el 1 de septiembre. Según la tradición, hacia el año 700 Gil talló con sus propias manos la imagen de la Virgen y la escondió en una cueva junto a una cruz, una campana y una olla, antes de partir del valle. Siglos después, un peregrino llamado Amadeo, guiado por un ángel, encontró la imagen y los tres objetos, y desde entonces perdura la costumbre de que los recién casados toquen la campana de Nuria como símbolo de buenos deseos para su nueva vida en común.
San Gil esconde la imagen de la Virgen de Nuria en una cueva del Pirineo, hacia el año 700 — el mismo santo de la ficha del 1 de septiembre.
Una fecha, muchos rostros
Jerusalén, Asturias y los Pirineos catalanes no tienen, a simple vista, nada en común — ni la época, ni la lengua, ni la forma en que llegó allí la devoción. Y sin embargo, el mismo 8 de septiembre, tres historias completamente distintas —una basílica sobre una casa apócrifa, una batalla legendaria del siglo VIII, un ermitaño que talla una imagen y la esconde en una cueva— terminan celebrando exactamente lo mismo: el nacimiento de una misma mujer. Es quizás la mejor prueba de que una sola fiesta puede echar raíces tan distintas y tan profundas en lugares tan alejados entre sí, y seguir, siglo tras siglo, hablando del mismo origen común.
Tres advocaciones, una misma fecha: Jerusalén, Covadonga y Nuria, unidas bajo el mismo fondo dorado.
Patronazgo
Bajo esta fecha se veneran numerosas advocaciones marianas locales, entre ellas Nuestra Señora de Covadonga (patrona de Asturias) y Nuestra Señora de Nuria (patrona del Obispado de Urgell y de los pastores del Pirineo).
Oración
Virgen María, cuyo nacimiento fue ya una promesa de esperanza para toda la humanidad, ayúdanos a confiar como confiaron tus padres, Joaquín y Ana, incluso cuando la respuesta a nuestras oraciones parezca tardar más de lo que podemos soportar. Amén.
DIES SANCTI