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San Pedro Claver

9 de septiembre

San Pedro Claver

En el arte: la sotana negra jesuita y el crucifijo apretado contra el pecho

En el arteLa sotana negra jesuita y el crucifijo apretado contra el pecho, rodeado de personas africanas a las que atendía

La época

A comienzos del siglo XVII, Cartagena de Indias —en el entonces Nuevo Reino de Granada, hoy Colombia— era el mayor puerto negrero del Nuevo Mundo, junto con Veracruz. Cada mes atracaban galeones cargados de personas arrancadas de Angola, Guinea y otras regiones de África occidental, hacinadas en condiciones inhumanas tras semanas de travesía. La población negra de la ciudad llegó a ser seis veces mayor que la blanca. En aquella época, algunos teólogos discutían todavía si aquellos hombres, mujeres y niños poseían siquiera alma — un debate que hoy resulta indignante, pero que marcaba el ambiente moral en el que Pedro Claver decidió jugarse la vida entera del lado equivocado del consenso de su tiempo.

La historia

Pedro Claver Corberó nació en Verdú, un pequeño pueblo de la comarca catalana del Urgell (Lleida), el 26 de junio de 1580, hijo de labradores. Quedó huérfano de madre a los trece años. Con diecinueve, ingresó en la Compañía de Jesús, y en 1610 se embarcó rumbo al Nuevo Reino de Granada, animado por un anciano hermano portero de Mallorca, San Alonso Rodríguez, que había intuido en él una vocación misionera muy concreta. Llegó a Cartagena de Indias en 1615 y fue ordenado sacerdote al año siguiente, poniéndose al servicio del padre Alonso de Sandoval, ya entregado por entonces a la evangelización de los esclavos recién llegados.

El 3 de abril de 1622, al profesar sus votos religiosos perpetuos, Claver escribió de su puño y letra, junto a su firma, la frase que resumiría el resto de su vida: "Petrus Claver, aethiopum semper servus" — "Pedro Claver, esclavo de los negros para siempre". No fue una fórmula piadosa sin más: durante las tres décadas siguientes, cada vez que se anunciaba la llegada de un barco negrero, Claver bajaba personalmente a las cámaras del navío —a menudo antes que nadie más pudiera acercarse— cargado con una cesta de pan, fruta y agua, para atender primero a los niños y después a los adultos exhaustos, enfermos o heridos por la travesía. Aprendió varias lenguas africanas y se rodeó de hasta dieciocho intérpretes para poder catequizar a cada persona en su propio idioma. Se calcula que bautizó personalmente a unas 300.000 personas a lo largo de su vida.

Un joven sacerdote jesuita firmando de su puño y letra el acta de sus votos perpetuos a la luz de una vela, mientras un sacerdote de mayor edad observa como testigo, en una sacristía en penumbra

3 de abril de 1622: Claver firma el acta de sus votos perpetuos con la frase que definiría el resto de su vida.

Su entrega no se limitó al puerto. Visitaba a diario los hospitales de San Sebastián y San Lázaro —este último, dedicado a los enfermos de lepra—, curaba heridas con sus propias manos, mendigaba limosna por toda la ciudad para vestir y alimentar a quienes atendía, y llegó a compartir su propio plato de comida con los más pobres. Su celo incansable le granjeó tantas enemistades como admiraciones: fue acusado por mercaderes y hasta por algunos hermanos de religión de "celo incauto" y de administrar los sacramentos a criaturas que, según ellos, "apenas poseían alma".

Un sacerdote jesuita arrodillado en un muelle al amanecer, ofreciendo pan y agua desde una cesta de mimbre a una familia africana recién llegada en barco, con un galeón visible entre la niebla del puerto

Cada mes, al llegar un barco negrero, Claver acudía el primero — con pan, agua y una dignidad que nadie más les ofrecía.

En 1650, con setenta años y tras sobrevivir a una grave epidemia —posiblemente peste, con secuelas que algunos biógrafos describen como similares al mal de Parkinson—, quedó prácticamente paralizado. Pasó los últimos cuatro años de su vida inmovilizado en una celda de la enfermería del convento, en un estado de auténtico abandono. El joven esclavo designado para cuidarle llegó a maltratarlo: se quedaba con la mejor parte de su comida y, según el testimonio de un testigo del proceso de canonización, "lo martirizaba cuando lo vestía, gobernándolo con brutalidad, torciéndole los brazos, golpeándolo y tratándolo con tanta crueldad como desprecio". De todo aquello, jamás salió de su boca una sola queja.

Un anciano sacerdote jesuita postrado y solo en una celda humilde de convento, iluminado por un rayo de luz de luna que entra por una ventana enrejada, con un crucifijo de madera en la pared

Sus últimos cuatro años: paralizado, casi olvidado por todos, en la enfermería del convento.

Pero cuando corrió por Cartagena la noticia de que el santo agonizaba, ocurrió lo que nadie —ni él mismo— podía prever. La ciudad entera se volcó hacia el colegio jesuita: nobles y pobres, sacerdotes de otras órdenes, niños y ancianos, y sobre todo la población negra a la que había dedicado cuarenta años de su vida, rompieron literalmente las barreras del colegio para llegar hasta su lecho. Le besaban las manos y los pies, le arrancaban mechones de pelo o trozos de su camisa como reliquias, mientras aún respiraba. Se cuenta que, en medio de aquella conmoción, el propio esclavo que le había maltratado reconoció con arrepentimiento a quién había tenido a su cuidado. Murió de madrugada, el 8 de septiembre de 1654 — aunque su fiesta litúrgica se celebra el día siguiente, el 9.

Un sacerdote jesuita anciano en su lecho de muerte, rodeado de una multitud de personas africanas y europeas que se inclinan para tocarle con veneración a la luz de velas, en una escena de profunda devoción

La apoteosis final: la misma ciudad que lo había olvidado rompió las puertas del colegio para despedirle.

Curiosidades

Claver llevaba siempre colgada del cuello una pequeña cruz hueca de madera de nogal, apenas mayor que una lezna, que contenía en su interior un fragmento del lignum crucis (reliquia de la Cruz) y tres diminutos clavos de hueso. Según los testigos del proceso de canonización, con ella "hacía prodigios" entre los enfermos que visitaba.

Su método de catequesis era tan paciente como visual: reunía a grupos de trescientas o cuatrocientas personas recién llegadas y les enseñaba, uno por uno, a formar correctamente la señal de la cruz con el pulgar y el índice de la mano derecha — dedicando a veces una hora entera solo a ese gesto, examinándolos individualmente, y premiando con tabaco a quien mejor lo aprendía.

Milagros

El proceso de beatificación y canonización de Claver reúne las declaraciones de 154 testigos presenciales, un número inusualmente alto, todos unánimes al testimoniar su santidad. Entre los hechos documentados, uno resulta especialmente concreto: un hombre ciego internado en la enfermería recuperó la vista de un día para otro después de que Claver le aplicara una pomada elaborada por él mismo — un caso tan bien verificado en su momento que consta en los libros oficiales de la Contaduría Real, y que permitió al hombre recuperar su antiguo puesto de trabajo. Para su beatificación se aprobaron formalmente dos milagros: además del caso anterior, la curación de Micaela García de Saavedra, que padecía una grave enfermedad interna (metritis).

Reliquias y arqueología

El cuerpo de San Pedro Claver descansa hoy en una urna de cristal y bronce dorado —regalo del papa León XIII— bajo el altar mayor de la Iglesia de San Pedro Claver, en pleno centro histórico de Cartagena de Indias, antiguo colegio jesuita donde vivió y murió. El templo, convertido en lugar de peregrinación, conserva también la humilde habitación donde pasó sus últimos años y un museo con piezas de arte religioso colonial dedicadas a su figura.

Al otro lado del Atlántico, en su Verdú natal, se conserva la pila bautismal donde fue bautizado y parte de la casa donde nació, hoy convertida en un pequeño santuario. En 1925, un grupo de vecinos del pueblo pidió y obtuvo del Papa una reliquia del santo para poder venerarla en su lugar de origen: una costilla, que Verdú conserva desde entonces con enorme orgullo local.

Cómo reconocerlo en el arte

San Pedro Claver se representa siempre con la sotana negra jesuita y un pequeño cuello blanco, sosteniendo un crucifijo de madera contra el pecho o entre ambas manos — la herramienta que usaba a diario para evangelizar. Es habitual que aparezca junto a personas de origen africano, subrayando el sentido de toda su vida, y en algunas representaciones más simbólicas se añaden cadenas rotas o un corazón inflamado de caridad. Su rostro se suele representar delgado y ajado por los años de entrega, sin ningún atributo de poder o comodidad — un retrato deliberadamente humilde, coherente con la vida que llevó.

Folclore y actualidad

Verdú, su pueblo natal, celebra cada año su fiesta mayor en torno al 9 de septiembre, y el propio pueblo forma parte hoy del Camino Ignaciano. En Cartagena de Indias, la iglesia que lleva su nombre sigue siendo uno de los principales destinos de peregrinación de la ciudad, especialmente durante la Semana Santa.

En 1986, el papa Juan Pablo II visitó personalmente su tumba en Cartagena y señaló que, aunque la esclavitud que combatió Claver ya no existiera en su forma histórica, "la esclavitud del dinero y de la droga" seguía esclavizando a multitudes de un modo no menos devastador. En 1985, Colombia lo declaró oficialmente defensor de los Derechos Humanos. Hoy, su figura se invoca con frecuencia frente a las formas contemporáneas de esclavitud: la trata de personas, la explotación laboral y el tráfico humano.

Patronazgo

Patrono de Colombia y copatrono de Cartagena de Indias, de las misiones católicas entre la población negra desde 1896, y —desde 1985— de los derechos humanos. También se le invoca como patrono de los marineros.

Oración

San Pedro Claver, que te hiciste esclavo por amor mientras otros discutían si tus hermanos tenían alma, y que en tu propio abandono final nunca dejaste de servir en silencio, ayúdanos a reconocer la dignidad de toda persona, especialmente de aquella a la que el mundo prefiere no mirar. Amén.

Fuentes consultadas: ACI Prensa, Vatican News, Catholic.net, Jesuitas Centroamérica, Jesuites Catalunya, Aleteia, El Tiempo (Colombia), Enciclopedia del Banco de la República, Fray Nelson (blog), Google Arts & Culture — Santuario Museo San Pedro Claver.

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