La época
Italia meridional, 1887-1968 — el santo más cercano a nuestro tiempo de todo el santoral, con fotografías, cartas y testigos que llegaron a conocer en persona a quienes lo trataron.
La historia
Francesco Forgione nace en 1887 en una familia campesina humilde de Pietrelcina. Desde los cinco años tiene visiones de Jesús, de la Virgen María y de su ángel de la guarda — y, en paralelo, empiezan también las apariciones diabólicas, que lo acompañarán casi veinte años. De niño entra a menudo en la iglesia de su pueblo a "saludar" a la Virgen de la Libera, imagen a la que mantendrá devoción toda su vida. A los 15 años entra en los Capuchinos; se ordena sacerdote en 1910.
El 20 de septiembre de 1918, tras la misa, recibe los estigmas de Cristo de forma visible y permanente: heridas sangrantes en manos, pies y costado que mantendrá durante los siguientes 50 años, sin infectarse nunca, desprendiendo un perfume que muchos testigos describieron como "a rosas".
El momento de los estigmas, en el coro de la iglesia de San Giovanni Rotondo.
La fama del fenómeno hace que la Santa Sede investigue. El fraile Agustín Gemelli, psicólogo de prestigio, ni siquiera examina las heridas de cerca y aun así informa de que son de origen "histérico". En 1923 el Santo Oficio emite una fórmula deliberadamente neutral —"no consta la sobrenaturalidad"— y le prohíbe confesar en público y dar dirección espiritual por escrito durante varios años. Décadas después la Iglesia lo beatifica (1999) y canoniza (2002), basándose en su fama de santidad y en dos curaciones médicamente inexplicadas atribuidas a su intercesión, sin pronunciarse nunca oficialmente sobre el origen de los propios estigmas.
Milagros y prodigios
Las luchas con el demonio no son un rumor vago: están documentadas en sus propias cartas y en testimonios de testigos directos — golpes, arrastrones por la celda, objetos lanzados por el aire. En una ocasión describió una paliza de siete horas seguidas, de diez de la noche a cinco de la mañana, tan violenta que pensó que iba a morir o volverse loco. Llamaba a su atormentador "Barbazul" o "el ogro".
Una de las muchas noches de ataques, según sus propias cartas.
La bilocación: el episodio más repetido y testificado por varios pilotos de forma independiente ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial, cuando bombarderos aliados intentaron atacar San Giovanni Rotondo — un fraile se apareció en el cielo ante los aviones, y ninguno consiguió soltar sus bombas. Años después, uno de los pilotos reconoció al Padre Pío en persona al visitar el convento. También se cuenta el caso del obispo uruguayo Damiani, a quien el Padre Pío prometió asistir en el momento de la muerte — y en 1941, agonizando en Uruguay, testigos aseguraron verlo junto a su cama mientras los frailes de su convento en Italia certificaban que no se había movido de allí. La última bilocación que se le atribuye ocurrió, según el testimonio de un fraile amigo, la víspera de su propia muerte en 1968: una despedida en el santuario del Santo Rostro de Manoppello, a 200 km de distancia.
El episodio más testificado de bilocación: los pilotos que no pudieron soltar sus bombas sobre San Giovanni Rotondo.
Leer las almas: en el confesionario, sorprendía a los penitentes recordándoles pecados que ni siquiera habían mencionado. Un sacerdote que se confesó con él, convencido de no dejarse nada, escuchó cómo el Padre Pío le recordaba con detalle un viaje reciente: al hacer trasbordo en Bolonia, con las iglesias cerradas, se había ido a descansar a un hotel antes de decir misa — y se quedó dormido hasta las tres de la tarde, dejando pasar la hora.
Las dos curaciones de la canonización: Consiglia De Martino (1992, recuperada de una rotura vascular que los médicos consideraban irreversible) y el niño Matteo Pio Colella (2000, curado de una meningitis fulminante).
Curiosidades
Se cuenta que en 1947 un joven sacerdote polaco llamado Karol Wojtyla se confesó con él, y que el Padre Pío le anunció "serás Papa, pero habrá sangre". Aviso de honestidad: el propio Juan Pablo II negó esta historia en público en dos ocasiones, y no existe ningún documento que la confirme — es pía leyenda, no historia verificada. Lo que sí es un hecho documentado con cartas reales es otra cosa: en 1962, ya obispo, Wojtyla le pidió que rezara por su amiga Wanda Półtawska, enferma de cáncer terminal. Once días después, ella estaba curada.
Reliquias y devoción popular
Su cuerpo se expone en el santuario de San Giovanni Rotondo, diseñado por el arquitecto Renzo Piano e inaugurado en 2004 — la segunda iglesia más grande de Italia después del Duomo de Milán, con capacidad para 6.500 personas, financiada casi enteramente con donativos de peregrinos. Es uno de los grandes destinos de peregrinación católica de nuestro tiempo.
En Roma, la iglesia de San Salvatore in Lauro, junto a Piazza Navona, guarda su manto, sus guantes, sus vendas y un frasco con sangre de sus propios estigmas — compartiendo altar con una reliquia del brazo de San Judas Tadeo. Cada 23 de septiembre celebran una novena y una procesión hasta la plaza, con la bendición del manto a todos los presentes.
Cómo reconocerlo en el arte
Pintura académica/realista devocional propia del siglo XX (norma 1 del proyecto): hábito capuchino marrón con capucha, barba blanca corta, manos con los estigmas visibles o cubiertos por vendajes.
Folclore y actualidad
Miles de Grupos de Oración del Padre Pío siguen activos hoy en todo el mundo, incluidos España y Latinoamérica — nacidos de la devoción personal de sus hijos espirituales y bendecidos por la propia Iglesia en su canonización. Su frase más repetida y citada resume su espiritualidad mejor que cualquier explicación: "Reza, espera y no te preocupes".
Patronazgo
Patrono de los adolescentes y de los voluntarios de protección civil; advocación popular contra el estrés.
Oración
San Pío de Pietrelcina, tú que llevaste en tu cuerpo las llagas de Cristo durante cincuenta años sin perder nunca la sonrisa ni el buen humor, enséñanos a sostener nuestras propias cruces con esa misma entrega silenciosa. Que sepamos, como tú, entregarnos por entero a los demás en el confesonario de cada día, y que en la duda y el miedo nos quede siempre tu consejo: rezar, esperar, y no preocuparnos. Amén.
DIES SANCTI