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San Ramón Nonato

31 de agosto

San Ramón Nonato

En el arte: el candado sobre los labios y la custodia eucarística en las manos

En el arteEl candado sobre los labios y la custodia eucarística en las manos

La época

Corría el año 1204, en la antigua Corona de Aragón. Apenas unos años antes, en 1218, San Pedro Nolasco había fundado en Barcelona la Orden de la Merced con un objetivo muy concreto: reunir el dinero necesario para viajar al norte de África y comprar la libertad de los cristianos capturados por corsarios y vendidos como esclavos. Era una época de frontera constante entre los reinos cristianos peninsulares y el mundo musulmán, donde el cautiverio era un riesgo real y cotidiano para cualquiera que viajara por mar. En ese mundo nació, en el pequeño pueblo de Portell, un niño cuya propia llegada al mundo ya fue una historia extraordinaria.

La historia

Según cuenta la tradición, la madre de Ramón, Ermessenda, murió estando todavía embarazada. Aquel mismo día, el vizconde de Cardona, que sentía un profundo afecto por la familia, acudió a darle el pésame — y al verla ya sin vida, notó que su vientre todavía se movía. Sin pensarlo dos veces, abrió el vientre y extrajo al niño con vida. De ese origen tan poco convencional viene su sobrenombre: Nonato, "el que no nació" de manera natural.

Un noble medieval sostiene con reverencia a un recién nacido junto al lecho de una mujer que descansa, en una escena tratada con delicadeza y sin ningún detalle explícito, representada al estilo de una miniatura de manuscrito iluminado medieval

El nacimiento que dio origen a su nombre: "Nonato", el que no nació de forma natural.

Criado sin madre pero en el seno de una familia acomodada, Ramón sentía de joven una devoción especial por la Virgen: llevaba su rebaño a pastar cerca de una ermita dedicada a ella, donde pasaba horas en oración. Con el permiso de su padre ingresó en la recién fundada Orden de la Merced, recibido en persona por el propio San Pedro Nolasco. Progresó tan deprisa en la vida religiosa que, pocos años después, le sucedió como "redentor" — el encargado de viajar a tierras musulmanas con dinero recaudado para comprar la libertad de los cautivos cristianos.

En uno de esos viajes a Argel, cuando el dinero se agotó antes de liberar a todos los prisioneros, Ramón se ofreció él mismo como rehén a cambio de la libertad de otro cristiano. En cautiverio no dejó de predicar la fe entre sus compañeros de prisión, lo que enfureció a sus captores. Como castigo, le perforaron los labios con hierro candente y le colocaron un candado en la boca — solo se lo abrían para que pudiera comer. Así permaneció, silenciado a la fuerza, durante ocho meses, hasta que su orden reunió el dinero para rescatarlo.

Un fraile mercedario cautivo, con un candado cerrado sobre los labios, permanece de pie con serenidad ante otros prisioneros que lo escuchan con esperanza, en una celda de piedra, representado al estilo de una miniatura de manuscrito iluminado medieval

Ocho meses con un candado atravesándole los labios, sin que eso apagara la esperanza que transmitía a los demás cautivos.

Curiosidades

De vuelta a España, el papa Gregorio IX lo nombró cardenal — un honor que Ramón recibió con total indiferencia: no cambió ni su hábito humilde, ni su celda sencilla en el convento de Barcelona, ni su forma de vivir. Cuando el Papa lo llamó a Roma, emprendió el viaje como el más pobre de los religiosos, y solo llegó hasta Cardona, a unos diez kilómetros de Barcelona, donde una fiebre repentina y violenta lo llevó a la muerte con apenas treinta y seis años.

Existe, eso sí, una nota de rigor importante: una comisión nombrada siglos después por el papa Benedicto XIV llegó a proponer suprimir su fiesta del calendario general, precisamente por la escasez de documentos fiables sobre su vida. La historia que hoy conocemos de él proviene, en gran parte, de la tradición piadosa transmitida por su propia orden, no de actas históricas contemporáneas a su vida.

Milagros

El más célebre de los episodios atribuidos a San Ramón ocurrió en el momento mismo de su muerte. Agonizando en Cardona, camino de Roma, pidió el viático — la comunión que se da a quien está a punto de morir — pero no había ningún sacerdote cerca que pudiera dárselo. Según la tradición piadosa, fue el propio Cristo quien descendió en persona, acompañado de una corte de ángeles vestidos con el hábito mercedario, para darle la comunión él mismo.

Un cardenal moribundo recibe la comunión de una figura luminosa de Cristo que desciende del cielo, rodeado de ángeles vestidos con hábitos mercedarios blancos, representado al estilo de una miniatura de manuscrito iluminado medieval

El viático milagroso: según la tradición, fue el propio Cristo quien le dio la comunión en su lecho de muerte, acompañado de ángeles vestidos de mercedarios.

Reliquias y arqueología

Sus restos fueron sepultados en la capilla de San Nicolás de Portell, que con el paso de los siglos y gracias a una devoción popular cada vez mayor —el papa Urbano VIII aprobó oficialmente su culto en 1628— se transformó en un monasterio de proporciones sorprendentes, hoy conocido como el "Escorial de la Segarra" por su grandiosidad barroca, en la comarca leridana que le da nombre.

La historia de ese lugar no ha sido tranquila. En 1835, durante la desamortización, los mercedarios fueron expulsados y el edificio pasó a manos del ayuntamiento, que instaló allí una escuela, aunque mantuvo la iglesia abierta para la veneración de las reliquias del santo. Los frailes no regresarían hasta finales del siglo XIX. Pero el golpe más duro llegó con la Guerra Civil española de 1936: el santuario fue saqueado y llegó a usarse como taller de coches, su retablo barroco original fue quemado, y las esculturas de piedra de la fachada quedaron destruidas — restauradas solo recientemente. Buena parte de las reliquias originales se perdieron entonces de forma irrecuperable, aunque hoy se conserva en la capilla del santo un relicario con un hueso suyo, objeto de veneración constante.

Cómo reconocerlo en el arte

San Ramón Nonato es, probablemente, uno de los santos más fáciles de identificar a simple vista: su atributo más característico es un candado, representado atravesando o cerrando sus labios, en recuerdo directo de su tortura en cautiverio. Suele vestir el hábito blanco de la Orden de la Merced, con el capelo rojo de cardenal, y sostiene con frecuencia una custodia eucarística entre las manos, por su intensa devoción al Santísimo Sacramento — recordada especialmente por el episodio del viático milagroso. Es también habitual verlo acompañado de un niño pequeño en algunas representaciones marianas, subrayando su patronazgo sobre los partos y los recién nacidos.

Folclore y actualidad

Pocos santos mantienen una devoción tan viva y tan concreta como San Ramón Nonato. Cientos de años después de su muerte, sigue siendo invocado activamente por mujeres embarazadas de todo el mundo hispanohablante, que rezan novenas pidiendo su intercesión para un parto seguro — una devoción que atraviesa generaciones sin apenas cambiar de forma. Su santuario en Lleida sigue recibiendo peregrinaciones, y existen parroquias y capillas dedicadas a él en lugares tan alejados de Cataluña como Buenos Aires, Santa Fe o Entre Ríos, en Argentina — prueba de lo lejos que ha viajado la fe en este santo nacido de una forma tan extraordinaria.

Patronazgo

Patrono de las embarazadas, las parturientas, las matronas, los recién nacidos, y de las personas acusadas falsamente.

Oración

San Ramón Nonato, que empezaste tu vida en circunstancias extraordinarias y la entregaste después por la libertad de otros, incluso en silencio forzado, intercede por quienes hoy esperan traer una nueva vida al mundo. Amén.

Fuentes consultadas: ACI Prensa, EWTN, Catholic.net, Aleteia, Orden de la Merced, Mercedarios de Chile, Monestirs.cat, Redescubriendo Barcelona.

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