Dies SanctiDIES SANCTI
← Volver al inicio
San Gil (Egidio)

1 de septiembre

San Gil (Egidio)

En el arte: el hábito monástico, el báculo abacial, y siempre junto a una cierva

En el arteEl hábito monástico, el báculo abacial, y siempre junto a una cierva

La época

Corría el siglo VII, en la Provenza que había pertenecido al Imperio romano de Occidente y que ahora se repartían godos y francos. Era una época de reinos jóvenes y fronteras inestables, en la que el monacato se extendía por los bosques y valles del sur de la actual Francia como refugio espiritual y, a menudo, como semilla de futuras poblaciones. En ese paisaje de eremitas y reyes cazadores se instaló, procedente de la lejana Atenas, un joven que había decidido renunciar a toda su fortuna.

La historia

Gil nació en Atenas, en el seno de una familia noble y acomodada. A la muerte de sus padres, repartió toda su herencia entre los pobres de la región y emprendió un viaje que lo llevó hasta la Galia postromana, donde decidió instalarse como ermitaño en un bosque cercano a la desembocadura del río Ródano. Allí encontró una cueva apartada, y allí vivió durante años en soledad, oración y ayuno casi absoluto — alimentado, según la tradición, por la leche de una cierva que se acercaba mansamente cada día hasta él.

Un anciano ermitaño sentado a la entrada de una cueva en el bosque, ordeñando con delicadeza a una cierva que descansa junto a él, representado al estilo de una miniatura de manuscrito iluminado medieval

La vida en la cueva, alimentado por la leche de la cierva que se convirtió en su única compañía durante años.

Aquella vida apartada terminó de forma inesperada. Un rey de la región —la tradición piadosa lo identifica con el visigodo Wamba, aunque los estudiosos apuntan que probablemente se trataba de un rey franco, ya que las fechas no encajan del todo— salió de cacería por aquel mismo bosque, persiguiendo precisamente a la cierva que acompañaba al ermitaño. Uno de sus arqueros disparó una flecha que, en lugar de alcanzar al animal, hirió al propio Gil, que se había interpuesto para protegerla.

Un rey a caballo con su séquito de cazadores baja el arco con gesto de sorpresa, mientras un anciano ermitaño arrodillado protege con su cuerpo a una cierva, una flecha ya clavada en su mano, representado al estilo de una miniatura de manuscrito iluminado medieval sin sangre visible

La flecha destinada a la cierva hirió al ermitaño que la protegía — el instante que cambió el destino de ambos.

El rey, conmovido y arrepentido al descubrir a quién había herido, quedó tan admirado por la entereza de Gil que le entregó aquellas tierras para fundar un monasterio bajo la Regla de San Benito, del que el propio ermitaño se convirtió en primer abad.

Curiosidades

Conviene ser honestos sobre el nivel de certeza histórica que rodea a este relato. Los estudiosos que han analizado las fuentes medievales sobre San Gil coinciden en que resultan, en sus propias palabras, "completamente indignas de confianza": contienen detalles contradictorios y anacrónicos, y la leyenda de la cierva está estrechamente ligada a ciertas bulas pontificias que, según se sabe hoy, fueron fraguadas para reforzar los intereses económicos y de prestigio del propio monasterio que él fundó. Lo único que puede afirmarse con relativa seguridad es que existió un ermitaño o monje que vivió cerca de la desembocadura del Ródano entre los siglos VI y VIII, y que el famoso monasterio que hoy lleva su nombre asegura conservar sus reliquias.

A pesar de esa incertidumbre documental, San Gil llegó a convertirse en uno de los santos más populares de toda la Europa medieval, incluido entre los "Catorce Santos Auxiliadores" — un grupo de santos especialmente invocados por su eficacia ante peticiones concretas — siendo el único de todos ellos que no murió mártir.

Milagros

El milagro más célebre atribuido a San Gil aparece en una Vita escrita en el siglo X, y tiene como protagonista inesperado al mismísimo emperador Carlomagno. Según el relato, mientras Gil celebraba misa pidiendo perdón por un pecado que el emperador jamás se había atrevido a confesar en voz alta, un ángel descendió y depositó sobre el altar una carta que describía con detalle aquella falta oculta — revelando así, sin que Carlomagno tuviera que pronunciar palabra, el peso exacto que llevaba sobre su conciencia.

Un abad anciano celebra misa ante un altar de piedra mientras un ángel radiante desciende depositando una carta sellada sobre él, y un emperador coronado observa arrodillado con expresión de asombro, representado al estilo de una miniatura de manuscrito iluminado medieval

El milagro de la carta angelical: el pecado que Carlomagno nunca pudo confesar, revelado sin que pronunciara palabra.

Reliquias y arqueología

El monasterio que el rey mandó construir dio origen a la actual localidad de Saint-Gilles-du-Gard, en el sur de Francia, donde todavía se alza la abadía que lleva su nombre — hoy Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, como parte del conjunto de monumentos del Camino de Santiago en Francia. Fue durante siglos un destino de peregrinación de primer orden, con su propio camino de romeraje, la vía Regordana, y punto de paso obligado hacia Tierra Santa desde el cercano puerto de Aigües-Mortes.

Su historia arquitectónica ha sido tan turbulenta como fascinante. La fachada románica, esculpida por hasta cinco maestros distintos con escenas de la vida de Cristo, se considera una obra maestra del arte medieval. En su interior se conserva la llamada "Vis de Saint-Gilles", una escalera de caracol de piedra tallada con tal precisión geométrica que canteros de toda Francia viajaban expresamente para estudiarla. Pero el edificio sufrió sucesivos desastres: incendiado por los protestantes en el siglo XVI, convertido después en fortaleza, con una orden de destrucción total en 1622 que solo se detuvo a medias por la intervención de las propias tropas encargadas de ejecutarla, y finalmente derribado en parte durante la Revolución Francesa. En el siglo XVI, además, la arqueta con las reliquias del santo fue trasladada a la basílica de Saint-Sernin de Toulouse; en Saint-Gilles solo se conservan hoy algunos fragmentos, junto a la tumba original, en la monumental cripta que ocupa toda la antigua nave.

Cómo reconocerlo en el arte

San Gil es fácil de identificar en cualquier retablo o imagen religiosa: aparece siempre como un anciano de larga barba blanca, vestido con el hábito monástico y sosteniendo el báculo propio de su condición de abad. Su atributo más inconfundible, sin embargo, es la cierva que lo acompaña invariablemente a su lado, a veces recostada a sus pies, a veces recibiendo su protección directa — la imagen que resume toda su leyenda en un solo gesto.

Folclore y actualidad

Su devoción se extendió desde Francia hasta España, Italia, Inglaterra y Alemania durante la Edad Media, y más tarde cruzó el Atlántico hasta América Latina. En Cataluña, el pueblo de Vilamaniscle (Alt Empordà) lo tiene como patrón, con sus propios cánticos populares de devoción; en Argentina, la localidad de Sacha Pozo (Santiago del Estero) celebra cada 1 de septiembre una fiesta en su honor declarada de interés municipal.

Pero la conexión más viva de este santo con el presente tiene nombre propio: en 1968, en una pequeña iglesia romana del barrio de Trastevere dedicada a él, comenzó a reunirse un grupo que hoy se conoce como la Comunidad de Sant'Egidio — un movimiento católico internacional, presente hoy en más de setenta países, dedicado a las personas sin hogar, los ancianos solos, los refugiados y los migrantes. Quince siglos después de que un ermitaño renunciara a toda su fortuna para vivir junto a los más pobres, su nombre sigue encabezando ese mismo compromiso en el mundo actual.

Patronazgo

Uno de los Catorce Santos Auxiliadores; patrono de los pobres, los enfermos, las personas con discapacidad, los leprosos y quienes buscan una vida retirada y contemplativa.

Oración

San Gil, que renunciaste a toda riqueza para vivir en soledad y entrega, y que protegiste con tu propio cuerpo a una criatura indefensa, ayúdanos a interponernos también nosotros cuando alguien débil necesite nuestra protección. Amén.

Fuentes consultadas: ACI Prensa, Catholic.net, Archidiócesis de Granada, Comunidad de Sant'Egidio Madrid, El Testigo Fiel, Nîmes Tourisme, Xacopedia, Monestirs.cat.

← Volver a hoy