La época
Judea del siglo I, bajo dominio romano, donde el sistema de recaudación de impuestos convertía a quienes lo ejercían en figuras odiadas: colaboracionistas del ocupante extranjero a ojos de sus propios compatriotas judíos.
La historia
Mateo, también llamado Leví, hijo de Alfeo, trabaja como recaudador de impuestos en Cafarnaún. Jesús pasa junto a su mesa de cobro y le dice solo dos palabras: "Sígueme". Mateo se levanta y lo sigue sin más, dejándolo todo al instante — el dinero, la seguridad, la vida que conocía.
Esa misma noche organiza un banquete en su propia casa, invitando a otros recaudadores y a gente de mala reputación para que conozcan a Jesús. Los fariseos, escandalizados de que coma con "pecadores", protestan — y Jesús responde con una de sus frases más recordadas: "No he venido a llamar a justos, sino a pecadores".
El banquete en casa de Mateo, con recaudadores y pecadores como invitados.
A partir de ahí, Mateo camina junto a Jesús durante los tres años de su vida pública: es testigo directo de sus milagros, escucha sus sermones, está presente en la Última Cena. Como el resto de los apóstoles —salvo Juan—, huye atemorizado durante la Pasión. Pero los encuentros con el Resucitado y el don del Espíritu Santo en Pentecostés lo transforman: se convierte en un testigo que ya no teme morir por lo que predica.
Escribe el primer relato conservado de la vida de Jesús, dirigido especialmente a la comunidad judía, abriendo con la genealogía humana desde Abraham y David. Según el antiguo testimonio de Papías —discípulo de discípulos de los apóstoles—, es la recopilación más antigua que se conserva de dichos y hechos de Jesús.
Tras la muerte y resurrección de Cristo, predica primero en Judea y después viaja hacia Oriente. La tradición legendaria —conviene decirlo con claridad: leyenda antigua, no historia verificada— sitúa su destino final en Etiopía. Se cuenta que Jesús se le aparece en una montaña, le entrega un bastón y le pide que lo plante en la ciudad de Myrna. Al hacerlo, el bastón se convierte en un árbol frondoso cuyos frutos y miel tienen poder curativo, y con este prodigio Mateo convierte a buena parte de la ciudad, incluida la familia real.
Leyenda del bastón convertido en árbol, en la ciudad de Myrna.
La misma tradición legendaria cuenta que, cuando el nuevo rey de la región quiere casarse con una joven consagrada a Dios, Mateo se opone. Furioso, el rey ordena que lo maten mientras celebra ante un altar.
El martirio, según la leyenda de Etiopía: sorprendido en oración ante el altar.
Lo que ocurre después con sus reliquias es casi una novela de aventuras a través de los siglos. Unos mercaderes bretones recogen su cuerpo y, según la leyenda, se salvan milagrosamente de un naufragio frente a las costas de Bretaña, en Francia — el lugar se llama todavía hoy Pointe Saint-Mathieu, y allí se construye un monasterio para custodiar las reliquias.
El naufragio salvado frente a las costas de Bretaña.
Siglos después, un noble militar traslada las reliquias a Velia, en Italia, donde se pierden durante casi cuatrocientos años, sepultadas por inundaciones y terremotos, hasta que un monje las redescubre en el siglo X. De ahí pasan por Rutino —donde, cuenta la tradición, brotó milagrosamente un manantial para calmar la sed de quienes portaban el cuerpo— y Capaccio, hasta llegar finalmente a Salerno en el año 954. Pero vuelven a caer en el olvido, hasta que en 1080 el propio papa Gregorio VII las redescubre, guiado por un extraño líquido que brotaba entre las piedras de la cripta.
El papa Gregorio VII redescubre las reliquias en la cripta de Salerno, 1080.
Milagros y prodigios
El bastón convertido en árbol en la ciudad de Myrna, con frutos y miel de poder curativo. La protección ante el fuego, en la leyenda etíope, cuando las llamas destinadas a destruir la casa de sus discípulas se vuelven contra el propio palacio real. Y el más singular de los tres: el "maná de San Mateo" — un líquido misterioso, semitransparente, que brotaba entre las piedras de su tumba en Salerno, considerado milagroso durante siglos y que dejó de manar a mediados del siglo XIX. Todavía hoy se conserva la columna con el cuenco donde se recogía.
Curiosidades
Caravaggio le dedicó tres lienzos completos —la Vocación, la Inspiración y el Martirio de San Mateo— que se conservan en la iglesia de San Luigi dei Francesi, en Roma, y son de las obras más visitadas de toda la ciudad.
Reliquias
Se conservan hoy en la cripta de la Catedral de Salerno (Italia), donde cada 21 de septiembre se celebra una solemne procesión que continúa la tradición ininterrumpidamente desde hace siglos.
Cómo reconocerlo en el arte
Su símbolo es un hombre alado o ángel: los cuatro evangelistas se representan con los cuatro seres de la visión de Ezequiel y el Apocalipsis (hombre, león, toro y águila), y a Mateo le corresponde el rostro humano, porque su Evangelio abre precisamente con la genealogía humana de Cristo. El estilo bizantino/paleocristiano corresponde a las escenas del siglo I; la miniatura de manuscrito iluminado, a los episodios medievales del traslado de sus reliquias.
Folclore y actualidad
En Sant Mateu (Castellón), su día grande es precisamente el 21 de septiembre, con misa solemne y el baile tradicional "Ball Pla", que todo el pueblo ejecuta vestido con trajes típicos. En Logroño, la festividad de San Mateo —patrono de los mercaderes por su antiguo oficio de recaudador— dio origen, ya en el siglo XII, a las ferias que hoy se conocen como la Fiesta de la Vendimia Riojana: el día central se celebra el primer pisado de la uva de la temporada, ofrecido a la Virgen de Valvanera. Y el condado de San Mateo, en California —con el aeropuerto internacional de San Francisco en su extremo norte y el arranque de Silicon Valley en el sur—, lleva su nombre desde 1776, por los misioneros españoles: un segundo evangelista, tras San José de Cupertino, con huella involuntaria en la meca tecnológica mundial.
Patronazgo
Patrono de contadores, banqueros y recaudadores de impuestos — el oficio que le hacía despreciado en vida es, hoy, el que protege.
Oración
San Mateo, tú que dejaste tu mesa de cobro en cuanto Jesús te miró y te dijo "Sígueme", enséñanos a responder con esa misma prontitud cuando Dios nos llama, sin mirar atrás ni calcular lo que perdemos. Que sepamos, como tú, convertir cada encuentro con Cristo en una mesa abierta para quienes el mundo desprecia. Amén.
DIES SANCTI