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Santa Teresa de Calcuta

5 de septiembre

Santa Teresa de Calcuta

Reconocible al instante: el sari blanco con tres rayas azules y la cruz al hombro izquierdo

Reconocible al instanteEl sari blanco con tres rayas azules y la cruz al hombro izquierdo

La época

Corría mediados del siglo XX en la India, en los años finales y convulsos del dominio colonial británico. La hambruna de Bengala de 1943 dejó tras de sí miseria y muerte a las puertas mismas de Calcuta, y la violencia religiosa entre hindúes y musulmanes que estalló en agosto de 1946, en vísperas de la independencia y la partición del país, sumió a la población en el terror. Fue precisamente en ese contexto de sufrimiento extremo donde una joven profesora de un colegio de monjas escuchó, según ella misma contaría después, una llamada que lo cambiaría todo.

La historia

Nació como Agnes Gonxha Bojaxhiu el 26 de agosto de 1910 en Skopje, en el seno de una familia católica albanesa. Sintió la vocación religiosa desde joven, y a los dieciocho años ingresó en las Hermanas de Loreto en Irlanda, adoptando el nombre de Teresa en honor a Teresa de Lisieux. Llegó a Calcuta en 1929, y durante casi veinte años ejerció como profesora y después directora del colegio de Santa María, una etapa que ella misma reconoció haber disfrutado profundamente.

Todo cambió el 10 de septiembre de 1946. Viajando en tren desde Calcuta hacia Darjeeling para su retiro anual, Teresa vivió lo que después llamaría "la llamada dentro de la llamada": la certeza interior de que debía abandonar la vida en el convento para ir a vivir entre los más pobres. "Fue una orden", escribiría más tarde. "Fallar habría significado quebrantar la fe." Dos años después, con permiso del Vaticano, dejó el hábito de Loreto, se vistió con un sencillo sari blanco de algodón —como las mujeres más humildes de la ciudad— y se instaló en los barrios marginales de Calcuta.

Una joven monja sentada junto a la ventana de un tren observa el paisaje indio con expresión contemplativa y conmovida, mientras la luz dorada entra por la ventanilla, representado al estilo de una pintura académica realista devocional del siglo XX

El viaje en tren a Darjeeling, 10 de septiembre de 1946: "la llamada dentro de la llamada" que cambió el rumbo de toda su vida.

En 1952 abrió su primer gran proyecto: un hogar para moribundos en un antiguo templo dedicado a la diosa Kali, cedido por el ayuntamiento tras superar la resistencia inicial de algunos hindúes de la zona, que solo cedieron al verla cuidar personalmente a los abandonados —alguien llegó a describirla como "una diosa Kali de carne y hueso". El primer caso que atendió con sus propias manos fue el de una mujer tirada en la calle, a la que las ratas y las hormigas ya habían empezado a comer. La limpió, la cuidó, y a partir de ahí nació Nirmal Hriday, la "Casa del Corazón Puro" — hacia 1989, la propia Teresa calculaba que habían recogido a 54.000 personas de las calles de Calcuta, de las cuales unas 23.000 habían muerto allí, acompañadas.

Una anciana monja con hábito religioso cuida con ternura a una persona mayor y frágil recostada en una cama sencilla dentro de un edificio humilde de piedra, con luz natural entrando por una pequeña ventana, representado al estilo de una pintura académica realista devocional del siglo XX

Nirmal Hriday, la "Casa del Corazón Puro": el primer hogar para moribundos, nacido de un solo gesto de cuidado.

La obra creció rápidamente: fundó Shishu Bhavan, un hogar para bebés abandonados, y Shanti Nagar, una colonia para personas con lepra donde podían construirse sus propias casas y trabajar su propia tierra —no solo asistencia médica, sino la posibilidad de una vida con dignidad y autonomía. En 1979 recibió el Premio Nobel de la Paz, y pidió que el dinero previsto para la cena de gala de homenaje se sumara al del propio premio, y todo se destinara íntegramente a los pobres. Años antes, cuando el papa Pablo VI le regaló una limusina durante su visita a la India en 1964, ella la subastó para financiar precisamente esa colonia de leprosos.

Una pequeña monja anciana con hábito religioso se dirige con humildad a un atril ante una audiencia formal en una sala elegante, con actitud sencilla a pesar de la grandiosidad del entorno, representado al estilo de una pintura académica realista devocional del siglo XX

La entrega del Premio Nobel de la Paz, 1979: pidió que el coste de la cena de gala se destinara íntegramente a los pobres.

Curiosidades

Durante décadas, en público, Teresa fue la imagen viva de una fe serena, alegre y sin fisuras. Pero diez años después de su muerte se publicó un libro con sus cartas privadas a sacerdotes y directores espirituales de confianza, escritas a lo largo de casi cincuenta años, y revelaron algo que prácticamente nadie sabía: sufrió una prolongadísima "noche oscura" del alma, sintiéndose separada de Dios casi todo el tiempo que dedicó a su obra más intensa. Llegó a escribir: "Siento que Dios no me quiere, que Dios no es Dios y que él verdaderamente no existe." Y también, con una lucidez desarmante: "Si alguna vez llego a ser santa, seguramente seré una santa de la oscuridad." Sostuvo su compromiso y su trabajo diario intactos durante todo ese tiempo, a pesar de no sentir consuelo alguno — algo que el propio postulador de su causa de canonización describió no como una pérdida de fe, sino como una forma de amor que se sostiene por voluntad, no por sentimiento.

Milagros

A diferencia de la mayoría de los santos de este santoral, los dos milagros reconocidos a Teresa de Calcuta están documentados con detalle clínico moderno. El primero ocurrió en 1998, un año después de su muerte: Mónica Besra, una mujer india, sufría un tumor abdominal; tras colocarle las hermanas una medalla que había pertenecido a la propia Teresa, el tumor desapareció por completo en cuestión de horas, algo que un comité de expertos médicos —solo dos de ellos católicos— declaró en 2002 inexplicable desde el punto de vista médico. Aquel caso permitió su beatificación en 2003.

El segundo ocurrió en 2008, en Brasil: el ingeniero Marcilio Haddad Andrino, de treinta y cinco años, fue ingresado de urgencia con ocho abscesos cerebrales y una grave hidrocefalia; los médicos habían programado una operación de altísimo riesgo cuando, tras varios días de oración de su esposa pidiendo la intercesión de la entonces beata Teresa, el paciente despertó sin dolor y sin rastro alguno de los abscesos. Este segundo milagro fue el que permitió su canonización en 2016, bajo el papa Francisco.

Reliquias y arqueología

Su tumba se encuentra en la Casa Madre de las Misioneras de la Caridad, en Bose Road, Calcuta, sede de la orden desde 1953. Allí se conserva intacta la habitación donde vivió y trabajó hasta su muerte, y las hermanas se reúnen varias veces al día junto a su sepulcro para rezar. El lugar, lejos de ser un edificio solemne o monumental, ocupa una construcción sencilla y funcional en pleno centro de la ciudad — sigue siendo hoy un punto de peregrinación constante para católicos de toda la India y de todo el mundo, y también el punto de referencia para los muchos voluntarios que llegan a Calcuta a colaborar con la orden.

El interior de una capilla sencilla con una tumba de piedra cubierta de flores frescas, mientras varias monjas con hábito rezan arrodilladas junto a ella, con luz natural entrando por una ventana, representado al estilo de una pintura académica realista devocional del siglo XX

La tumba en la Casa Madre de Calcuta, donde las hermanas siguen rezando varias veces al día.

Cómo reconocerla en el arte

Teresa de Calcuta rompe con la iconografía clásica de este santoral: al ser una figura tan reciente y tan extensamente fotografiada en vida, su imagen no se representa mediante símbolos idealizados como palmas, coronas o animales, sino que se identifica de forma prácticamente universal a través de su propio sari — blanco con tres finas rayas azules en el borde, y una pequeña cruz cosida en el hombro izquierdo. El blanco simboliza la pureza y la verdad; las tres rayas azules —color tradicionalmente asociado a la Virgen María— representan sus tres votos: pobreza, obediencia, y castidad junto al servicio a los más pobres. La cruz en el hombro recuerda que, para las Misioneras de la Caridad, Cristo crucificado es la llave que abre el corazón. Las novicias visten un sari blanco sin rayas hasta pronunciar sus votos definitivos, tras cuatro años de formación.

Folclore y actualidad

Las Misioneras de la Caridad, la congregación que fundó con trece miembros en 1950, cuenta hoy con más de 4.500 hermanas activas en 133 países de los cinco continentes — una expansión que sigue en marcha casi treinta años después de su muerte.

Y hay un detalle muy actual, casi legal, que conecta directamente su figura con el presente: el mismo día de su canonización, el 4 de septiembre de 2016, el propio diseño de su sari blanco con rayas azules fue registrado oficialmente como marca comercial protegida por el gobierno de la India, tras un proceso legal que las hermanas habían iniciado en 2013. El objetivo fue impedir que empresas ajenas a la congregación utilizaran su imagen y su hábito con fines comerciales o publicitarios sin autorización — algo que, según explicaron las propias religiosas, contradecía directamente los deseos que ella misma había expresado en vida sobre no usar su nombre para fines comerciales. Es decir: el atuendo de una mujer que hizo del despojamiento y la pobreza el centro de su vida es, hoy, una propiedad intelectual legalmente protegida.

Patronazgo

Fundadora de las Misioneras de la Caridad; patrona de los más pobres, los enfermos terminales y las Misioneras de la Caridad World Movement.

Oración

Santa Teresa de Calcuta, que sostuviste una vida entera de entrega y amor incluso en la más profunda oscuridad interior, enséñanos que el amor verdadero se sostiene en la voluntad, no solo en el sentimiento, y ayúdanos a ver el rostro de Cristo en quien más lo necesita. Amén.

Fuentes consultadas: ACI Prensa, Archidiócesis de Granada, Exaudi Catholic News, Catholic.net, AsiaNews, Aleteia, ChurchPop, Protestante Digital, Revista Crítica, Infobae.

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