La época
Año 40 d.C., apenas una década después de la muerte de Jesús. Los apóstoles, dispersos por el mundo conocido tras Pentecostés, llevan el Evangelio hasta los territorios más alejados del Imperio Romano. A Santiago el Mayor, hermano de Juan y uno de los tres apóstoles más cercanos a Jesús, le toca la misión más dura de todas: cruzar el Mediterráneo hasta Hispania, la actual España y Portugal, tierras todavía completamente ligadas al paganismo romano y celta.
La historia
El recorrido de Santiago por Hispania es durísimo. Pasa por Asturias, donde apenas logra bautizar a un solo hombre; sigue por Galicia y Castilla con resultados igual de escasos; y llega finalmente a orillas del Ebro, a Caesaraugusta, la actual Zaragoza. Allí, tras muchísimos días de predicación constante, solo consigue convertir a ocho hombres —conocidos después como los "Varones Apostólicos"—. Es una cifra humillante para un apóstol elegido personalmente por Jesús: semanas de esfuerzo por un puñado de almas.
Es en su momento de mayor desánimo, rezando junto al Ebro con ese pequeño grupo de conversos y a punto de rendirse y volver a Jerusalén, cuando ocurre el prodigio. La Virgen María —que en esas fechas seguía viviendo en carne mortal en Jerusalén, todavía años antes de su Asunción— se le aparece sobre una columna de jaspe, rodeada de ángeles que cantan el "Ave María, gratia plena". No viene a felicitarlo por ningún éxito, sino a sostenerlo justo en el fracaso. Le dice las palabras que la tradición conserva textualmente: "Ánimo, debes quedarte". Le pide que construya allí una capilla antes de regresar a Jerusalén, y le hace una promesa que los devotos siguen recordando hoy: mientras esa columna siguiera en pie, siempre habría en aquel lugar verdaderos discípulos de su Hijo.
La aparición a Santiago junto al Ebro, año 40.
Es un caso único en toda la mariología: no una aparición póstuma de la Virgen, sino una bilocación en vida, la más antigua reconocida por la tradición católica. Santiago y sus discípulos construyen la capilla alrededor de la columna, y solo entonces el apóstol regresa a Jerusalén, tal como se le había pedido. Poco después, en el año 44, es decapitado por orden de Herodes Agripa — el primer apóstol mártir de la historia, cuyos restos, según la tradición jacobea, descansan hoy en Santiago de Compostela.
Milagros
El milagro más documentado de toda la historia de la advocación ocurrió en 1640, en el pequeño pueblo turolense de Calanda. Miguel Juan Pellicer, un joven campesino de 19 años, había perdido la pierna derecha en un accidente de carro y llevaba más de dos años mendigando con una pata de palo a las puertas de la propia Basílica del Pilar, encomendándose cada día a la Virgen. Una noche de marzo de 1640, ya de vuelta en Calanda con sus padres, despertó junto al fuego con una extraña sensación en la pierna que le faltaba. Al apartar la manta, descubrió que la tenía completa, con las mismas cicatrices de antes del accidente.
El Milagro de Calanda, marzo de 1640.
El caso llegó a un tribunal eclesiástico presidido por el arzobispo de Zaragoza, que entrevistó a 25 testigos —incluidos los cirujanos que le habían amputado la pierna y el hombre que había enterrado el miembro cortado—. En abril de 1641, el tribunal declaró formalmente el milagro. Es considerado, incluso hoy, uno de los prodigios marianos mejor documentados de toda la historia de la Iglesia. Un dato curioso: el cineasta Luis Buñuel, nacido precisamente en Calanda, quedó fascinado de por vida con esta historia y la citó en varias de sus películas más surrealistas.
Siglos después, la Basílica vivió dos episodios de guerra casi calcados, con 128 años de diferencia. Durante los Sitios de Zaragoza (1808-1809), cuando la ciudad resistió el asedio de las tropas napoleónicas, varios proyectiles de artillería impactaron contra el templo. Uno de ellos atravesó el techo y quedó clavado en el suelo, humeante, sin llegar a estallar. De aquella resistencia nace la jota que todavía hoy se canta en Aragón: "La Virgen del Pilar dice que no quiere ser francesa, que quiere ser capitana de la tropa aragonesa".
Los Sitios de Zaragoza, durante la Guerra de la Independencia, 1808.
El segundo episodio llegó en plena Guerra Civil española: la madrugada del 3 de agosto de 1936, un avión republicano lanzó cuatro bombas aéreas sobre la Basílica. Ninguna de ellas explotó. Dos siguen expuestas hoy dentro del templo, junto a la Santa Capilla, como testimonio físico de aquel día. La tradición popular sigue contando ambos episodios, separados por más de un siglo, como el mismo tipo de protección.
Curiosidades
Francisco de Goya tuvo con esta Virgen una relación de devoción y rechazo a partes iguales. En una carta a su amigo Martín Zapater, el propio pintor escribió que para amueblar su casa le bastaba "una estampa de Nuestra Señora del Pilar, una mesa, cinco sillas...". Pintó dos frescos en la Basílica —la bóveda del Coreto (1772) y la cúpula "Regina Martyrum" (1781)—, pero el cabildo rechazó su estilo, que encontraron demasiado suelto e inacabado para el gusto de la época. Le habían encargado una segunda cúpula que nunca llegó a pintar, y no se le volvió a contratar allí. Siglo y medio después, en el bombardeo de 1936, una de las bombas que no llegaron a estallar dañó precisamente el marco dorado de uno de esos frescos suyos.
La propia columna de jaspe sobre la que está la imagen conserva una huella física de la devoción popular: el punto exacto donde los fieles la besan a través de una pequeña abertura, algo apartado del resto de la piedra, se ha desgastado visiblemente por el roce continuo de generaciones de peregrinos —se calculan más de cinco millones de besos al año—.
Reliquias y arqueología
La columna original de jaspe, de 1,77 metros de altura, se conserva en el mismo lugar donde la tradición dice que fue colocada hace casi dos mil años, dentro de la Santa Capilla de la Basílica de Zaragoza. Tres días al mes, la imagen se muestra sin ningún manto bordado encima, dejando ver la columna tal y como —según la tradición— la encontró Santiago, un gesto litúrgico deliberado para no perder de vista el origen de todo.
El Museo Pilarista, dentro de la propia Basílica, guarda un tesoro acumulado durante siglos: más de 600 mantos distintos, muchos donados por instituciones (desde el Real Zaragoza hasta la Guardia Civil), y la corona de la Coronación Canónica de 1905, obra de la Casa Ansorena de Madrid, de oro macizo, 18 kilos de peso, con 2.826 brillantes, 5.725 diamantes rosa, 145 perlas, 74 esmeraldas, 64 rubíes y 40 zafiros — financiada con joyas donadas por miles de católicos de toda España, desde alianzas de boda hasta broches familiares. Desde 1677 existen además las "Cintas de la Medida del Pilar", tiras de tela que miden exactamente 39 centímetros —la altura de la imagen— y que se repartían entre los enfermos como objeto de devoción cuando ya no era posible trasladarles los mantos reales.
Cómo reconocerla en el arte
A diferencia de otras advocaciones marianas, la Virgen del Pilar no se representa como una figura pintada al óleo con paños sueltos, sino tal y como es en realidad: una pequeña talla de madera, casi siempre vestida con un manto bordado en oro sobre fondo rojo o granate, coronada con una diadema de orfebrería, sosteniendo al Niño Jesús —también vestido y coronado— en brazos. El elemento que la identifica sin ninguna duda es la columna de jaspe forrada en plata sobre la que se alza la imagen, visible bajo el manto.
Folclore y actualidad
El 12 de octubre es, además de la fiesta del Pilar, la Fiesta Nacional de España y el Día de la Hispanidad — una coincidencia de fechas que la propia Iglesia ha subrayado siempre, ya que la Virgen del Pilar es también patrona oficial de la Hispanidad. Ese mismo día se celebra, además, a Nuestra Señora de Aparecida, patrona de Brasil: dos advocaciones marianas de enorme peso, una española y otra latinoamericana, compartiendo fecha.
El acto central de las Fiestas del Pilar de Zaragoza es la Ofrenda de Flores: cada 12 de octubre, más de medio millón de personas —vestidas con el traje regional aragonés tradicional, los llamados "baturros" y "baturras"— desfilan por la ciudad hasta la Plaza del Pilar, donde depositan sus ramos sobre una estructura de más de 15 metros de altura hasta formar un enorme manto floral con hasta 7 millones de flores. La tradición, tal como se conoce hoy, nació en 1958 con apenas 2.000 participantes. Al día siguiente, 13 de octubre, se celebra la Ofrenda de Frutos, con productos del campo aragonés, y al atardecer el Rosario de Cristal: un desfile único en el mundo, en marcha desde 1889, con 29 carrozas hechas enteramente de cristal iluminado por dentro, representando los misterios del rosario y réplicas de santuarios famosos. Cada año, además, se dedica la Ofrenda a un país distinto de Hispanoamérica.
La Ofrenda de Flores, cada 12 de octubre en Zaragoza.
Patronazgo
Patrona de la Hispanidad, de la ciudad de Zaragoza desde 1642 y de todo el Reino de Aragón desde 1678. Es también, desde 1916, patrona oficial de la Guardia Civil española —con un origen curioso en 1864, cuando un capellán castrense colocó una pequeña réplica suya en la capilla del Colegio de Guardias Jóvenes, costumbre que acabó extendiéndose a todos los cuarteles de España— y del Cuerpo de Correos y Telégrafos.
Oración
Virgen del Pilar, tú que te apareciste no ante un éxito sino ante un fracaso, para decirle a un apóstol agotado que no se rindiera, sostennos también a nosotros en los momentos en que sentimos que nuestro esfuerzo no da fruto. Que sepamos quedarnos, como Santiago se quedó, confiando en que la firmeza de una columna vale más que la urgencia de un resultado inmediato. Amén.
DIES SANCTI