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Nuestra Señora del Rosario con el Niño Jesús en brazos, el rosario como objeto compartido entre ambos, en estilo barroco español tenebrista

7 de octubre

Nuestra Señora del Rosario

En el arte: la Virgen con el Niño en brazos, el rosario como objeto compartido entre ambos, nunca rezándolo ellos mismos, sino ofreciéndolo al espectador

En el arteLa Virgen con el Niño en brazos, el rosario como objeto compartido entre ambos

La época

Mediterráneo, siglo XVI. El Imperio Otomano vive su máxima expansión: desde la caída de Constantinopla en 1453, sus ejércitos y su flota dominan buena parte del Mediterráneo oriental, y las costas cristianas sufren incursiones, saqueos y esclavitud de forma constante. En 1570 los otomanos desembarcan en Chipre, entonces posesión veneciana; tras meses de asedio, la plaza de Famagusta cae en agosto de 1571 y su comandante, Marcantonio Bragadino, es ejecutado brutalmente por orden del general otomano. La noticia horroriza a Europa.

El papa Pío V, empeñado durante años en lograrlo, consigue por fin formar la Liga Santa: una coalición naval de España, Venecia, los Estados Pontificios, Génova, Malta y Saboya, bajo el mando de Juan de Austria, hermanastro del rey Felipe II. El 7 de octubre de 1571, las dos flotas se encuentran en el golfo de Lepanto, frente a la costa griega. Es un enfrentamiento real, sangriento, entre dos potencias del Mediterráneo — no conviene edulcorarlo ni convertirlo en fábula: murieron varios miles de hombres en ambos bandos. Mientras la batalla se libraba en el mar, en Roma se organizaban procesiones y se rezaba el Rosario pidiendo la victoria cristiana. Contra pronóstico, dado que la flota otomana era mayor, la Liga Santa se impuso.

La historia

Para entender el origen de esta fiesta hay que retroceder tres siglos y medio antes de Lepanto. Hacia 1208, Domingo de Guzmán, sacerdote castellano, llevaba tiempo predicando en el sur de Francia contra la herejía albigense, sin apenas resultados. Frustrado, se retiró a un bosque cerca de Prouilhe y pasó tres días y tres noches en oración y penitencia continuas. Según la tradición devocional, se le apareció entonces la Virgen María, acompañada de tres princesas del cielo, y le preguntó: "¿Sabes tú, mi querido Domingo, de qué arma se ha servido la Santísima Trinidad para reformar el mundo?". Domingo respondió que ella lo sabía mejor que él; la Virgen le explicó que esa arma era la Salutación Angélica —el Avemaría— y le entregó un rosario, pidiéndole que lo predicara como sustituto accesible de los 150 salmos, para quienes no sabían leer.

La Virgen María se aparece a Santo Domingo de Guzmán en un bosque cerca de Prouilhe, entregándole un rosario, en estilo barroco español tenebrista

La aparición a Santo Domingo, Prouilhe, hacia 1208.

Conviene decirlo con la honestidad que exige un dato de este tipo: la fuente más antigua que documenta esta aparición es del beato Alano de la Rupe, casi 300 años posterior a los hechos. No hay ningún testimonio del propio siglo XIII que la recoja. Eso no impide que sea el relato fundacional que la tradición dominicana y la devoción popular han contado durante siglos, y así se sigue contando hoy.

Con el tiempo, y ya en pleno siglo XVI, cuando la amenaza otomana sobre Europa se hizo más urgente que nunca, el papa Pío V —dominico él mismo— pidió que se rezara el Rosario para pedir la protección de la Virgen ante la inminente batalla. Tras la victoria de Lepanto, instituyó una fiesta litúrgica en su memoria, bajo el nombre de "Nuestra Señora de la Victoria", y añadió a las letanías marianas el título de "Auxilio de los Cristianos". Un año después, su sucesor, Gregorio XIII, cambió el nombre de la fiesta al de "Nuestra Señora del Rosario", fijándola en la fecha de la propia batalla, el 7 de octubre.

La batalla naval de Lepanto entre la Liga Santa y la flota otomana, combate entre galeras con humo de cañón, en estilo barroco español

La batalla de Lepanto, 7 de octubre de 1571.

El rezo del Rosario

La palabra "rosario" viene del latín rosarium, "jardín de rosas": cada Avemaría se entiende simbólicamente como una rosa ofrecida a María. La práctica nace como sustituto de los 150 salmos que los monjes rezaban a diario en la Liturgia de las Horas; como la mayoría de los fieles no sabía leer, se sustituyeron primero por 150 Padrenuestros —contados con cuerdas de cuentas llamadas paternóster— y finalmente por 150 Avemarías, de ahí que también se le llamara "Salterio de Nuestra Señora".

En el uso diario actual, lo habitual no es rezar los 150 de golpe, sino un solo tercio: 50 Avemarías, repartidas en 5 misterios de 10 cada uno, distintos según el día de la semana. Los misterios son episodios de la vida de Jesús y María sobre los que se medita mientras se recita:

  • Gozosos — Encarnación, Visitación, Nacimiento, Presentación en el Templo, el Niño perdido y hallado (lunes y sábado)
  • Dolorosos — Oración en el huerto, Flagelación, Coronación de espinas, Camino del Calvario, Crucifixión (martes y viernes)
  • Gloriosos — Resurrección, Ascensión, Pentecostés, Asunción, Coronación de María (miércoles y domingo)
  • Luminosos — Bautismo de Jesús, Bodas de Caná, anuncio del Reino, Transfiguración, institución de la Eucaristía (jueves)

Este último bloque, los misterios luminosos, es una incorporación reciente: los añadió Juan Pablo II en 2002, mediante la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, para reforzar el carácter cristológico del rezo. Es un dato curioso que el propio Papa nunca confirmó explícitamente: un año antes había beatificado a un carmelita maltés, Jorge Preca, que ya en 1957 había sugerido cinco misterios de luz para el rezo privado — posible inspiración nunca reconocida abiertamente.

A la devoción se le atribuyen tradicionalmente quince promesas de la Virgen a quienes lo recen con constancia, reveladas —según la tradición— a Santo Domingo y reiteradas siglos después al beato Alano de la Rupe:

Ver las quince promesas del Rosario
  1. Quien rece constantemente mi Rosario recibirá cualquier gracia que me pida.
  2. Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.
  3. El Rosario es el escudo contra el infierno, destruye el vicio, libra de los pecados y abate las herejías.
  4. El Rosario hace germinar las virtudes para que las almas consigan la misericordia divina; sustituye en el corazón de los hombres el amor del mundo con el amor de Dios y los eleva a desear las cosas celestiales y eternas.
  5. El alma que se me encomiende por el Rosario no perecerá.
  6. El que con devoción rece mi Rosario, considerando sus sagrados misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá de muerte desgraciada; se convertirá si es pecador, perseverará en gracia si es justo y, en todo caso, será admitido a la vida eterna.
  7. Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los sacramentos.
  8. Todos los que rezan mi Rosario tendrán en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia, y serán partícipes de los méritos bienaventurados.
  9. Libraré bien pronto del Purgatorio a las almas devotas a mi Rosario.
  10. Los hijos de mi Rosario gozarán en el cielo de una gloria singular.
  11. Todo cuanto se pida por medio del Rosario se alcanzará prontamente.
  12. Socorreré en sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.
  13. He solicitado a mi Hijo la gracia de que todos los cofrades y devotos tengan en vida y en muerte como hermanos a todos los bienaventurados de la corte celestial.
  14. Los que rezan mi Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.
  15. La devoción al Santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación de gloria.

Curiosidades

Un dato anecdótico, sin relación directa con la Virgen pero sí con la batalla que motivó la institución de esta fiesta litúrgica: entre los combatientes de Lepanto estaba un joven soldado español, enfermo de fiebre, embarcado en la galera Marquesa: Miguel de Cervantes. Sus propios compañeros le insistieron en que se quedara bajo cubierta dado su estado; él se negó, respondiendo —según un testimonio de la época recogido por escrito— que prefería "morir peleando por Dios y por su rey" antes que esconderse. Recibió tres disparos de arcabuz, dos en el pecho y uno en la mano izquierda, que quedó inutilizada para siempre —aunque nunca se la amputaron, pese al apodo que le acompañaría toda la vida: "El Manco de Lepanto". Lejos de lamentarlo, llamaría después a aquella herida "hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros".

Hay también un pequeño juego numérico, de piedad popular más que de historia verificable, que circula entre devotos del Rosario tradicional: si se suman las 150 Avemarías del Rosario completo —los tres tercios seguidos, no el rezo diario habitual de un solo tercio— más las 3 Avemarías introductorias, el total da 153: exactamente el número de peces de la pesca milagrosa narrada por san Juan en su evangelio (Jn 21). Es una lectura simbólica, no un dato histórico, pero muy repetida en círculos devocionales.

Milagros

El más documentado de los milagros asociados a esta advocación ocurrió en Granada en 1679, en pleno azote de una terrible epidemia de peste. Ante la gravedad de la situación, el arzobispo pidió rogativas a todas las cofradías de la ciudad, y la imagen de la Virgen del Rosario, venerada en el convento de Santa Cruz la Real, fue colocada en el altar mayor para un octavario de oraciones. El 26 de junio de aquel año, entre las cejas de la imagen apareció una luz misteriosa en forma de estrella, que permaneció visible durante sesenta días, hasta bien entrado agosto. Fue entonces cuando se proclamó el cese de la epidemia, en la víspera del 7 de octubre.

Lo notable de este caso es que no quedó como simple rumor piadoso: el fenómeno fue investigado formalmente por el vicario general del Arzobispado, que sancionó eclesiásticamente el hecho el 12 de octubre de 1679. Desde entonces, el Ayuntamiento de Granada mantiene un "Voto de la ciudad" que se sigue renovando cada año.

La imagen de la Virgen del Rosario venerada en Granada, con una estrella luminosa en la frente, rodeada de fieles en actitud de rogativa durante la peste de 1679, en estilo barroco español

El milagro de la estrella, Granada, 1679.

Reliquias y arqueología

El lugar más directamente ligado al origen de esta devoción es el Monasterio de Nuestra Señora de Prouilhe, en Fanjeaux (sur de Francia), considerado la cuna de la Orden de los Dominicos. El edificio original fue destruido durante la Revolución francesa; el actual, de 1879, sigue habitado por una comunidad de monjas dominicas contemplativas que reciben visitantes y peregrinos, y cada primer domingo de octubre acoge una peregrinación diocesana con cerca de mil personas.

En España, el lugar de referencia es el Real Convento de Santa Cruz la Real, en Granada, donde se conserva y venera todavía hoy la imagen del milagro de la estrella de 1679, con procesión anual.

Cómo reconocerla en el arte

Se la reconoce por llevar al Niño Jesús en brazos, con el rosario como objeto compartido entre ambos —a menudo la Virgen lo sujeta con una mano mientras con la otra cubre al Niño, y es él quien lo toca o juega con las cuentas—, nunca en actitud de rezarlo ellos mismos, sino ofreciéndolo al espectador. Predomina el tenebrismo, con ambas figuras iluminadas cálidamente y recortadas sobre un fondo oscuro y neutro.

Folclore y actualidad

Decenas de localidades españolas tienen a esta Virgen como patrona, con fiestas concentradas en la primera semana de octubre: Cádiz (patrona de la ciudad desde 1730, con voto perpetuo), A Coruña (con su tradicional alfombra floral ante el Ayuntamiento) y numerosos pueblos de toda la geografía nacional.

La devoción sigue muy viva también en instituciones actuales: desde 2009, Nuestra Señora del Rosario es la patrona oficial de la Unidad Militar de Emergencias (UME) española, coincidiendo su patronazgo con la fecha de creación de la unidad, el 7 de octubre de 2005 — un vínculo que enlaza con la vieja tradición de esta advocación como patrona de los Tercios españoles y de la Armada tras Lepanto.

Y para cerrar el círculo entre el origen medieval y la devoción contemporánea: el 13 de octubre de 1917, en la última de sus seis apariciones en Fátima (Portugal), ante unas 70.000 personas y coincidiendo con el fenómeno conocido como "el milagro del sol", la Virgen se identificó explícitamente ante los tres pastorcillos con estas palabras: "Soy la Señora del Rosario", pidiendo que se le construyera una capilla en el lugar y que se siguiera rezando el Rosario cada día. Setecientos años después de Prouilhe, la misma devoción seguía teniendo la última palabra.

Patronazgo

Patrona de la Unidad Militar de Emergencias (UME) española, de la Orden de Predicadores (Dominicos) y, históricamente, de la Armada Española.

Oración

Virgen del Rosario, tú que entregaste a Santo Domingo un arma sencilla al alcance de cualquiera, enséñanos a encontrar en la oración repetida y humilde la misma fuerza que sostuvo a un pueblo entero en su hora más difícil. Ayúdanos a rezar con constancia, no por costumbre vacía, sino con el corazón puesto en cada misterio que meditamos contigo. Amén.

Fuentes consultadas: Vatican News, ACI Prensa, EWTN, COPE, Museo Nacional del Prado, Hispania Sacra (CSIC), Real Archicofradía de Nuestra Señora del Rosario Coronada (Granada), Ministerio de Defensa (defensa.gob.es).

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